sábado, 15 de octubre de 2011

Lofesindeyer

Como la tormenta no amaina y parece que va para largo es mejor que no nos quedemos quietos o nos calaremos para siempre.

Así que os invito, si queréis, a seguirme en mi nuevo blog.

Seréis bienvenid@s.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Aprovecha

Aprovecha el llanto de tu hijo en la madrugada.
Camina somnolienta, apoyándote en las paredes del pasillo, con los ojos doloridos y la boca pastosa.
Cada paso que des, cada gesto que hagas sobre la cuna, cada beso dedito por dedito, cada gotita de sudor que seques en la noche, cada suspiro que te llegue de alivio y de paz... serán energías que, guardadas en el bolsillo secreto de tu corazón, irás gastando a poquitos cuando los años pasen.

Aprovecha las incursiones del hijo en tu cama cuando más cansada estás y te apetece ocuparla así que el padre ha dejado un hueco.
Rehácete, acurrúcate, deja que sus manitas toquen la piel que más les gusta, que te revuelva el pelo, que enlace sus piernas con las tuyas, que su pelo fino te haga cosquillas, que de su naricilla te llegue la respiración satisfecha... serán energías que, guardadas en el bolsillo secreto de tu corazón, irás gastando a poquitos cuando los años pasen.

Aprovecha el momento en que deja de comer y sólo sigue si tu mano le lleva la cuchara a su boca.
Hazle el avión, abre tu boca al compás de la suya, aprovecha para contarle el cuento, cantarle la canción, deja que se enfríe tu comida mientras él ríe contigo... serán energías que, guardadas en el bolsillo secreto de tu corazón, irás gastando a poquitos cuando los años pasen.

Aprovecha cuando, cómodamente sentada en el sofá, oyes su voz que te pide que vayas a bañarlo.
Ve, aunque el día te haya gastado la energía y te acerques al baño arrastrando los pies, enjabónalo, toca toda su piel, recorre los caminos que se te olvidarán, haz burbujas y pedorretas, sóplale la espuma, envuélvelo en una suave toalla y finge que se ha perdido y no lo encuentras... serán energías que, guardadas en el bolsillo secreto de tu corazón, irás gastando a poquitos cuando los años pasen.

Aprovecha chillidos y lágrimas y berrinches y preguntas. Aprovecha su olor y su tacto. Aprovecha su risa y su admiración. Aprovecha que eres la mejor madre. Aprovecha que busca tu mano, que te pide mil veces un cuento en la cama, que tenga sed y pis y caca y miedo y te busque entre la gente y se le salten las lágrimas si no estás en la puerta de la escuela cuando abren. Aprovecha que mida su mano con la tuya, que crea que lo sabes todo, que quiera casarse contigo.

Aprovecha todo lo que ahora gozas porque te alimentará en días venideros. Quizá también él, algún día, aprovechará lo que tiene guardado en su corazón sin siquiera saberlo.

(Imagen: lamujersemilla.wordpress.com)

jueves, 8 de septiembre de 2011

El poder de las risas compartidas

Hay días memorables, días históricos, días que se te quedan grabados para bien o para mal. Días trascendentales, días únicos.

Y también hay días luminosos de los que quizá no se recuerden las conversaciones que se tuvieron, ni lo que ocurrió, ni quién dijo qué. Y, sin embargo, te recargan energías perdidas, te devuelven la fe en la conversación, en la complicidad.  
Días como los que viven los adolescentes -de quienes ya nos sentimos tan lejanos-  en los cuales el compartir risas, chismorreos, experiencias, opiniones y hasta simplezas nos devuelve una alegría genuina, sin intereses ni angustias, que jamás debimos perder.

Celebremos el haber disfrutado un día de luz como la que traen aquellos que te alegran.

(Imagen: enrike45.wordpress.com)

lunes, 5 de septiembre de 2011

Cosas que no me trajeron los Reyes Magos

Paciencia cuando más lo necesito.
Ilusión cuando el viento se pone en contra.
Fuerza ante los contratiempos.
Silencio ante los ataques.
Pasión sin fisuras.
Mano firme y suave.
Esperanza sin desaliento.
Templanza ante los desatinos.


Olvidé ponerlo en mis cartas y ahora parece tarde.

(Imagen: fotografía personal. Años 60)

sábado, 3 de septiembre de 2011

Melancolía

"No hay quien pare la saeta del reloj
ni el calendario.
No hay quien rija el minutero
y su fugaz pasar de años.
Nuestro verano ya pasó,
están varados todos los veleros.
Arena en el recibidor,
el cuarzo guarda todos mis anhelos hoy.
Septiembre suena en el buzón
y la nostalgia se disfraza de postal.
Aquel ocaso en El Saler,
pinta una luz dorada en mi recuerdo.
Suave el otoño firma el fin,
con una taza de canela, té y limón.
Se queman los campos de arroz,
y vuelvo a echar en falta el suéter de algodón.
La piel comienza a blanquear,
el entretiempo se hace sitio en un rincón,
sospecho que ya no se irá,
el dietario tiene hoy las de ganar.
No hay quien dé la vuelta al tiempo y su motor bien engranado.
No hay quien burle al domador
que mueve el sol al otro lado.
Vuelve a degustar un trozo de eternidad.
Vuelve a contemplar el sueño de las medusas.
Blancos torreones de cristal,
largas procesiones de agua y sal.
Nuestro paisaje cambia igual,
aunque intentemos atrapar la levedad.
Lo que fue lava de un volcán,
hoy se desliza en la profundidad del mar.
Un sueño de la realidad,
se diferencia en el presente nada más.
La cuerda floja del ayer,
se balancea inerte, no se deja ver."

¡No se puede decir mejor de lo que lo que cantan Presuntos Implicados!

(Imagen: cojinesmeditacionananda-mrb.blogspot.com)

jueves, 1 de septiembre de 2011

El secreto es elevarse

Todo tan nublado, todo tan gris. Lluvia o tormenta, frío en el cuerpo... Pero el Sol sigue brillando. Lo sabes aunque no lo notes. Lo recuerdan tus huesos y tu alma.
Y sabes el secreto: subir, subir; elevarse hasta dejar abajo las nubes. Y cuando estés por encima de ellas sientes de nuevo el calor del Sol, su caricia en tu piel. Todo lo doloroso, lo duro, queda abajo y allá, en lo alto, vives de nuevo como en las tardes soleadas de la infancia.
Pero elevarse es el secreto. Difícil aprenderlo, difícil conseguirlo, difícil mantenerlo.
Se aceptan lecciones de quien lo haya conseguido.

(Imagen: fondospaisajes.net)

miércoles, 31 de agosto de 2011

¡Feliz Año Nuevo!

Feliz Año Nuevo para todos los que, como yo, acaban el año el 31 de agosto.
Felicidades.
Para el Año que comienza deseo que se os cumplan los sueños, que consigáis los objetivos propuestos, que no cometáis los errores de siempre y que completéis todas las colecciones.

Yo, por mi parte y como sugerencia por si le sirve a alguien, hago publica mi lista de buenas intenciones (amplia y ambiciosa como corresponde):
  • Aprender inglés pero sin liarme más de la cuenta.
  • Subir por las escaleras pero sin gastar energías innecesarias.
  • Tener paciencia interminable pero sin dejar pasar ni una a los impresentables.
  • Callar a tiempo pero hablar sin temores.
  • Cultivar la amistad.
  • Descubrir cada día una mini-felicidad.
  • Relativizar los disgustos.
  • Recuperar ilusiones perdidas.
  • Arreglarme con esmero.
  • Dormir a pierna suelta.
  • Oir los consejos y hacer después lo que crea conveniente.
  • Dar consejos sólo cuando me los pidan.
  • Escuchar más música.
  • Llegar al próximo fin de año con los deseos cumplidos.
(Imagen: mycoolespacio.com)

martes, 30 de agosto de 2011

La sangre con letra entra

Hace unos días me acabé esta camiseta de patchwork  El motivo, una fantástica hada, enseñaba con glamour su lección en una pizarra.

Estuve unos días, mientras festoneaba las diferentes telas, pensando en cuál sería esa lección que me gustaría mostrar al lucir mi camiseta.
Y, de repente, se me encendió una lucecita. ¿Qué frase había marcado toda una época en la educación, había arruinado la ilusión de muchos por aprender y de no pocos por enseñar?: "La letra con sangre entra".
Y por eso la lección debía ser clara: "La sangre con letra entra".
Porque lo que yo quiero reivindicar, mostrar, propagar, difundir, compartir... es que es la letra -el saber, la lectura, el aprendizaje, la enseñanza,el modelaje- la que hace la sangre -hace crecer, desarrolla, hace persona, amplía la mente y los horizontes, da fuerza y valor, templanza ante el destino y consuelo ante la adversidad-.

Esta entrada está dedicada a todos aquellos. maestr@s, profesor@s, padres y madres, amig@s, consejer@s... que confían en que lo que enseñan con paciencia y amor dé sus frutos en forma de vidas mejores, más justas y más felices. A pesar de las dificultades, a pesar del desconsuelo de muchos momentos.

(Imagen: fotografia personal)

viernes, 26 de agosto de 2011

La familia Churumbel o a quién habrá salido este niño

Para aquellos de vosotros que paséis de los cuarenta no os será desconocido el mundo de los tebeos que tantas tardes -sin play, sin ordenador, sin canales infinitos en la TV- llenó en nuestra infancia.

"La familia Churumbel" era un clásico, creado por Manuel Vázquez, que gustaba mucho en un mundo todavía políticamente incorrecto: una familia gitana hacía del hurto su modo de vida excepto el hijo mayor que se dedicaba a estudiar y trabajar para desesperación de sus padres y abuelo.
Hoy en día no podría publicarse algo así sin que se denunciara el hecho en todas las instancias oficiales y no oficiales; saldría en los telenoticias y sería objeto de repulsa -cuando menos de puertas para afuera- por parte de todos los líderes políticos. Su creador debería pedir perdón públicamente y, por supuesto, dejaría de publicarse inmediatamente. Pero el uso que se hace de los tópicos, el sentido del humor que tienen -o no tienen- los diferentes colectivos y la necesidad de ser siempre políticamente correctos es otro tema y yo voy a lo que voy.

Y a lo que voy, como siempre, es al tema de lo que se le pide a los hijos y de lo que de ellos se obtiene. Cada familia, cuando espera un hijo, crea una imagen de esa criatura que, en su inocencia, espera que se corresponda con la realidad.
Primero es una imagen física: el bebé será guapo, regordete, digno de una portada, sacará lo mejor del padre y de la madre. Cuando eso no es así hay un período de adaptación que a muchas personas les produce incluso depresión o problemas serios. He leído que  padres de niños prematuros que, por muy guapos que vayan a ser, pasan un período en el cual su aspecto es angustioso, necesitan superar una fase de decepción.
Después vienen aspectos básicos del crecimiento: ha de dormir bien, comer bien, controlar esfínteres sin problemas, andar y hablar con prontitud, etc. El baremo lo ponen los hijos ajenos o los artículos de revistas especializadas.
Llega la hora del cole y entonces ese hijo será ese niño que aprende pronto a leer y a escribir, que no tiene problemas de relación, que es educado y que trae unos informes impecables.
Y llega la adolescencia y ese hijo caminará por los caminos de la responsabilidad, tendrá presentes los consejos de sus padres, les demostrará su cariño y su rebeldía se circunscribirá a pequeñas escaramuzas dialécticas que tranquilizarán a sus padres demostrando que su hijo es un adolescente normal.
La juventud no traerá más problemas que los propios de esa edad: sabrá escoger una carrera adecuada -porque por supuesto estudiará- y se emparejará con alguien acorde a su educación y su carácter.

Y fin de la historia. Los padres llegarán tranquilos y relajados a la vejez. Repasarán los álbumes familiares y comentarán cómo sus hijos sólo les han reportado momentos de felicidad.

Pero, ay, puede que nos encontremos en la penosa situación de la familia Churumbel: ese hijo bienamado en quien hemos puesto todas nuestras ilusiones, será diferente en algún momento de su vida a como lo habíamos "diseñado". Puede que sea feo, que no duerma, que llore interminablemente, que tenga problemas para aprender, que pegue a los compañeros, que empiece a fumar, que nos chille, que se relacione con amigos que no nos gustan, que oiga música insufrible -para nuestro criterio-, que deje los estudios o los aparque, que encuentre una pareja ante la cual se nos abran las carnes... No todo ello a la vez, por caridad, pero sí algo que desdibuje esa imagen ideal que habíamos soñado desde que lo vimos en la ecografía.

Y entonces viene nuestra tarea, ardua, dura. Una tarea como la de recuperarse de una enfermedad, como la de rehabilitarse de una adicción: aceptar que los hijos no nos pertenecen, que vienen de nosotros pero no son nosotros, ni nuestros sueños, ni nuestros planes, ni nuestros objetivos. Quererlos como son, por lo que son y a pesar de lo que son.
Y mientras lo conseguimos siempre podemos pegarnos los berriches de Manuel Churumbel. Buena crianza.

(Imagen: Manuel Vázquez)

jueves, 18 de agosto de 2011

De mi pasado vengo (VI)

Los veranos son azules. Para los niños los veranos siempre son azules.
Ni cruceros de lujo, ni complejos resort todo incluído, ni yates ni playas recónditas.

Un pueblo abandonado a la fuerza, Susqueda, de donde la gente tuvo que salir y dejar sus casas, sus tierras, sus vidas. Una desgracia que es una alegría para un puñado de niños que viven un verano inolvidable.

La más pequeña de la foto, con mini vestido, enseñando las braguitas como tocaba en aquella época, soy yo. Mi tío José me coge por los hombros. A mi alrededor mis primos, un tío lejano y un chaval que no recuerdo.

Mi tíos trabajaban en la construcción del embalse y, mientras, vivían en una de las casas vacías del pueblo.
Allá fuimos mis padres y yo a pasar unas semanas de agosto. Correteando entre las hierbas, viendo los ágiles alacranes esconderse bajo las piedras, yendo a buscar agua a la fuente, contemplando extrañada a la única mujer que se resistía a dejar lo suyo y que quería ser sepultada por el agua... qué pequeñas y qué grandes eran las cosas cuando se tenían los ojos inocentes.Calor y chicharras. Libertad y compañía. La felicidad en estado puro. Noches de confidencias apenas entendidas desde mi corta edad. Días de aventuras. Ni pasado ni futuro: el presente en estado puro que da las más grandes satisfacciones.

Homenaje a un verano azul lejos del Sur que tantos veranos azules me dio.
¿Quién recuerda más veranos de puro placer?

(Imagen: fotografía familiar. Verano del 66)

martes, 9 de agosto de 2011

Cosas que hacen verano

El olor de los higos.
Las largas siestas.
El canto de las chicharras.
Los polos de hielo.
Los "me alegro verte".
El aire de un ventilador.
Los "cacharritos" de la feria.
Las canciones machaconas.
El reloj en el cajón.
Los olivares infinitos.
Los acentos olvidados.
Las sombras diminutas.
Los reencuentros.
Volver a ver las estrellas.
El chorro de una fuente.
Los besos de pueblo.
La pereza sin culpabilidad.
El calor envolvente.
La vida sin Internet.

(Imagen: articulos.infojardin.com)

sábado, 30 de julio de 2011

Canto a la vida

Decía un personaje de Woody Allen que cuando escuchaba música de Wagner le entraban ganas de invadir Polonia.
Cuando yo veo este verano algunos anuncios me entran ganas de beber cerveza. Y eso que no me gusta.

Los publicistas -genios de nuestros tiempos- se han puesto de acuerdo y han hecho sus creaciones más brillantes en tres anuncios de esta bebida.

Veamos.
En el primero, de San Miguel, un joven dinámico y vital recorre el mundo con energía. Entra en el metro en Moscú y sale en Estambul; coge la bici en Barcelona y la deja en Berlín; camina entre ríos soviéticos y madrileños... Ciudadanos de un lugar llamado mundo tramando un plan para ser mejores. La posibilidad de valorar más lo que une que lo que separa a la humanidad.

En el segundo, de Estrella Damm, un joven consigue un sueño y a pesar de las dificultades y las inseguridades que lo acechan va abriéndose camino y creciendo. Todo ello en un ambiente de vida gratificante, de placeres sencillos recuperados. Y el genio culinario rindiéndose a lo elemental.

En el tercero -mi favorito- de Cruzcampo, aparece la reivindicación del Sur como espacio de felicidad, de relajación, de oxigenación frente a la responsabilidad y el trabajo, frente al agobio cotidiano. El Sur como la amistad, la vitalidad, la bocanada necesaria antes de zambullirnos de nuevo en el vértigo de la vida.

No me gusta la cerveza, no tengo la edad que se ensalza, me dan pereza los viajes, no sé cocinar... ¿Por qué pues me han dejado tan fascinada estos anuncios? Pues porque son un canto a la vida, ensalzan los pequeños placeres, el optimismo, la posibilidad de ser feliz, la alegría cotidiana, los valores que pueden mejorar el mundo en que vivimos... Están lejos de esa reivindicación de lo duro, de la estética por encima de la ética, de la juventud oscurecida por anhelos que, para la mayoría, serán deseos imposibles.

Bienvenida la publicidad en estos términos aunque su objetivo no se vea cumplido: yo sigo sin beber cerveza.

(Imagen: albertoschwartz.blogspot.com)

lunes, 25 de julio de 2011

Mini-felicidades a 0 euros

Una cama recién hecha.
La ducha a la temperatura justa.
Pintarme las uñas de los pies a juego con mi niña.
Oir el mar.
Beber agua fresca.
Tomar sopa caliente.
Un abrazo a tiempo.
Un beso espontáneo.
Bajarse un poco el biquini y ver la rayita del bronceado incipiente.
Recibir una postal.
Recordar una canción de la infancia.
Dormir la siesta.
Oler a colonia fresca.
No tener que madrugar.
Sentarse al fresco en las noches de verano.
Irte a dormir con todos los hijos en sus camas.
Verte en una lista de aprobados.
Coser algo bonito.
Leer un libro bien escrito.
Cantar en el coche a voz en grito.
Secarte el pelo y que te quede bien.
Recibir un cumplido sincero.
Ver la cocina reluciente.
Encontrar algo que habías perdido hace tiempo.
Comer con hambre.
Quitarte los tacones al llegar a casa.
Ver la lluvia sin tener que mojarse.
Despertarte y ver que todavía puedes dormir una horita más.
Creer que es domingo y que sea sábado.

¿Y vuestras mini-felicidades?

(Imagen: ideasmx.com.mx)

viernes, 22 de julio de 2011

El derecho a ser infeliz

Los que vivimos una época de infelicidad personal debemos cargar además con las miradas de reproche de los demás.
Porque ser infeliz, sentirse triste, estar desanimado, no está de moda y, además, es culpa nuestra.
Tenemos en nuestras manos, parece ser, la capacidad de ser feliz, el deber de ser optimistas, la obligación de hacer cestos con los mimbres que nos toquen y si no lo logramos, es porque no queremos.

Como teoría está bien: sirve fundamentalmente para hacerse millonario con un boom de autoayuda o sirve para escribir canciones de verano.
Pero no sirve para nosotros cuando estamos tan heridos que sólo  necesitamos que nos digan                                                  teentiendotecomprendosecomotesientestieneslarazonlloratranquilapuedequepaseperoahoraduelecuéntamelo.

Ser infeliz es un derecho. Debemos decirlo en voz alta. Ser visibles, como los indignados, aunque nada consigamos con ello. Arriesgarnos a que la gente se aleje de nosotros, a que nadie quiera escucharnos si no hay un diván y 100 euros de por medio. Arriesgarnos a que nos consideren tóxicos, a que aburramos, a que se pregunten "qué querrá esa" o, peor aún, "qué más querrá".

Basta ya de esconder el dolor. No queremos dar pena: lloramos desde el orgullo de sabernos humanos. Desde el orgullo de vivir la tristeza. Desde el orgullo de las lágrimas sinceras y las penas, que nos tienen rodeados.

(Imagen: "El grito" Munch)

miércoles, 13 de julio de 2011

De mi pasado vengo (V)


Mi bisabuelo Silverio tenía siete hijos. Dos de los varones hicieron la guerra en bandos distintos.
Frasquito en el republicano, el gubernamental e Ignacio en el sublevado, en el fascista.
A ninguno de ellos le pilló la guerra en un bando y allí se quedó. Eran dos personas apasionadas, intensas, entregadas a sus ideas. Escogieron con conocimiento de causa y lucharon hasta el final por alcanzar la victoria.

El pueblo pasó la guerra en una situación estratégica y cambió varias veces de manos. Los dos hermanos volvieron en varias ocasiones a la casa. Uno de ellos entraba de manera legal, el otro tenía que llegar de noche, saltando las tapias de los patios, para que no lo apresara el enemigo. Se sentaban a la mesa y mi bisabuelo (aunque no era neutral pues su corazón era "rojo") decía: "De puertas para dentro no se habla de nada. A comer y a callar." Y la familia comía, en silencio, cada uno de ellos rumiando lo que habrían vivido los dos hermanos, qué secretos sabían, cómo saldría de allí el que no estaba entre los suyos en ese momento. Esa situación se repitió varias veces a lo largo de los tres años de guerra y siempre volvían los hermanos, tan enfrentados, a comer a la casa familiar, bajo la figura del padre -pequeñito y firme- que los igualaba ante sus ojos como si volviertan a ser niños.

El final de esta historia la sabemos: ganó el bando sublevado y la venganza fue terrible. Mi tío abuelo Frasquito pasó muchos años encerrado, primero en campos de concentración y después en la cárcel, Archidona, Málaga, -se presentaron papeles, certificados de buena conducta, recomendaciones de curas... para que no fuera fusilado-. Mientras, su hermano Ignacio, aventurero y vividor, se enroló en la División Azul y se fue a intentar que sus ideas -esta vez representadas en el espíritu nazi- vencieran en Europa.

¡Qué estilo posando en esta fotografía junto a un coche alemán, símbolo del empuje y el poderío de la época!
Volvió, derrotado para alivio de la Humanidad, y siguió su espíritu aventurero yéndose a Brasil. Pero lo suyo no era prosperar ni sentar la cabeza y pronto volvió al pueblo a seguir con el oficio que había aprendido en la División Azul: era herrero y se encargaba de cuidar y poner al día las numerosas caballerías que entonces había en la agricultura.

Ambos hermanos, cada uno con su familia ya formada y viviendo en un país que sangraba por múltiples heridas y que debía silenciar y esconder muchas cosas, supieron hacer borrón y cuenta nueva y se acabaron tratando como hermanos, con sus diferencias, pero como hermanos. Quizá a ello contribuyó la actitud de su padre, acogedora y firme, ante los abismos que se abrían entre ellos.


(Imagen: fotografía familiar. Entre 1941 y 1943)

martes, 12 de julio de 2011

Lenguaje técnico. La maternidad

"No está el horno para bollos."

 "Acaba ya que el agua y el gas no los regalan."

"O acabas ya o te lo arranco (el cable de la play, malpensados)."

"¿Te has dejado la luz de la habitacióbn encendida por algo?"

"La ropa que hay en el suelo, ¿es para tirar?"

"Ya te darás cuenta cuando tengas hijos."

"Mientra estés en esta casa, harás lo que toque."

"Ni dieciocho, ni dieciocha."

"¿Qué pasa, que no tienes casa?"

"Te he dicho millones de veces que no andes descalzo."

"Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo."

"Me duele la boca de decírtelo."

"No dejéis migas que no tenemos pollos."

"¿Tú te crees que el dinero se cría en los árboles?"

"A cualquier cosa le llaman estudiar."

Y suma y sigue. No recuerdo más porque a medida que ellos entran en la adolescencia yo envejezco a marchas forzadas.


(Imagen: hwblackrose.blogspot.com)

lunes, 11 de julio de 2011

Lenguaje técnico. La docencia

"Bueno, esperaré a que calléis.Yo no tengo prisa."

"Marc, sal a la pizarra. (¿Quién, yo?) ¿Cuántos Marcs hay en la clase?"

"Daniel, ¿cuál es la respuesta? (Contesta otro). ¿Tú te llamas Daniel?"

"A ver, si calláis lo explico porque esto yo ya me lo sé."

"El tiempo que perdamos lo descontaremos de la hora del patio."

"Si no entendéis algo lo preguntáis ahora, no esperéis a la hora del examen."

"¿Quieres contarnos el chiste a todos para que nos riamos?"

"¿Lo habéis entendido? (Nadie responde) Siiiiiiiií, Ana"

"Hay que venir ya dormido de casa."

"Hay que respetar los márgenes. (Recogemos los ejercicios). Bueno, me conformo si la próxima vez no escribis en la espiral."

"Hay que copiar lo que he escrito en la pizarra. (No me cabe. Miramos su hoja). ¿Has probado a no hacer Arial 50?"

"Levantamos la mano antes de contestar (tres respuestas a la vez). ¿Quién va a tener que volver a párvulos?"

Todo ello, dicho  con cariño. Faltaría más.

(Imagen: borronyescuelanueva.blogspot.com)

domingo, 10 de julio de 2011

La barandilla en los balcones (VII)

Hace unos meses uno de los lectores de este blog, que no seguidores, me preguntó por estas entradas: "Pero tú no lees esos libros, ¿no?". Pensaba que yo me dedicaba a buscar "citas célebres", o algo así, en Internet. Falta de confianza en mi pasión lectora, evidentemente.

Es esa pasión por la lectura (recuerdo porqué titulo así estas entradas: "La lectura es para mí como la barandilla en los balcones") la que me llevó, desde hace unos años, no demasiados por desgracia, a anotar ,una vez acabado un libro, aquellas frases que me han llamado la atención: las más bellas, las más ciertas, las sorprendentes, las que tienen que ver con mi experiencia, con mis sentimientos, las duras, las sensibles, las que comparto, las que me tocan el corazón... las que me aportan algo, en defintiiva.

Cuando decido hacer una nueva entrada de "La barandilla en los balcones" cojo mis diarios de lectura y os ofrezco una selección.

Y la de hoy es la siguiente.

"Los chinos dicen que, al emparejarse, la mujer piensa que será capaz de cambiar a su compañero, mientras que el hombre piensa que su compañera no cambiará, se mantendrá igual para siempre, pero ambos se equivocan."
"Mi abuelo Pascual decía que la experiencia es una señora que siempre llega tarde."
("El cerebro del rey" Nolasc Ascarín)

"Hay dos clases de enfermedades, las que se curan solas y las mortales."
"No teníamos cinturones de seguridad por el asunto del karma; nadie muere antes de su tiempo."
"Después de los cincuenta, la vanidad sólo sirve para sufrir."
"...que aceptara a los niños como se aceptan los árboles, con gratitud, porque son una bendición pero sin expectativas o deseos."
("La suma de los días" Isabel Allende)

"Pero no voy a obsesionarme con esto ahora. Ya me obsesionaré más tarde."
"Si hay algo para lo que resulte útil una formación literaria, es para dotarlo a uno de un sentido de la catástrofe."
"Jeny solía afirmar que quien no siente el deseo de volver a vivir la vida es porque la ha desperdiciado."
("Firmin" Sam Savage)

"Si estàs angoixat per alguna cosa externa, el malestar no és degut a la cosa en si, sinó a la valoració que en fas, i això és una cosa que pots revocar en qualsevol moment -Marc Aureli-."
"Siguem realistes, el benestar quotidià només pot estar basat en l'estat quotidià."
"Saber viure és convertir en plaers el que haurien de ser càrregues. Aforisme 259 de Baltasar Gracián."
("Emocions i intel·ligència social" Ignacio Morgado)

"Avui dia, els estudiants consideren la seva incompetència un privilegi: com que sóc incapaç d'aprendre-ho, vol dir que el tema ha estat mal triat."
"De la mateixa manera que tenir un secret és una cosa molt humana, també ho és, tard o d'hora, revelar-lo."
("La marca de l'home" Philip Roth)

(Imagen: Cosei Kawa)

sábado, 9 de julio de 2011

El fin de los buenos tiempos

El problema de los buenos tiempos es que no te avisan. No se compran en un centro comercial; no hay indicadores callejeros que te prevengan de su llegada; no se corresponden con una edad, ni con un momento de la vida, ni con una situación concreta. Son buenos tiempos porque sí: porque el río de la vida corre con aguas mansas; porque hemos encontrado lo que buscábamos; porque las personas que nos rodean nos dan paz; porque tenemos y no aspiramos; porque creemos que la felicidad se puede tocar con la punta de los dedos...

Y luego llega el fin. Tampoco lo anuncian luces de neón; tampoco recibes una carta de aviso; tampoco estás preparada para ello. Llega el fin porque se alejan cosas que tuviste; porque descubre el decorado que hay tras las fachadas; porque pierdes incluso sin jugar; porque las mañanas son más frías y las noches más largas; porque el peso del hoy te oscurece el mañana; porque sientes temor; porque echas de menos y , todavía peor, echas de más; porque no tienes templanza, ni sosiego.

Pero el mundo gira y quizá atraquemos de nuevo en playas felices; quizá los buenos tiempos estén agazapados, traviesos, juguetones... esperándonos en cualquier recodo del camino para asaltarnos de nuevo y ensancharnos el corazón. Que así sea.

(Imagen: óleo de Hans Paus: "Buenos tiempos II")

martes, 5 de julio de 2011

Un brillo inesperado

En la infancia son amigos los que están a tu lado echando arena en el cubito.
En la adolescencia son amigos los que hacen bulla contigo y salen y entran.
Cuando somos adultos ya no confiamos en descubrir nuevas amistades.Caminamos río abajo mirando donde ponemos los pies. Con cuidado, con tiento.

Y de repente, entre la arena y los guijarros, vemos un brillo inesperado; nos agachamos y lo cogemos con cuidado entre los dedos. Y allí está, reluciendo: una amistad que se ofrece sin interés. Un abrazo a tiempo, una palabra medida, unos oídos atentos, un corazón abierto. Templanza, prudencia, cariño. Unas risas compartidas, un consejo valioso, una opinión certera. Momentos inolvidables, recuerdos preciados.

Y Nuria se va.

(Imagen: fotografía personal. Un regalo para el recuerdo)

lunes, 4 de julio de 2011

Sabiendo que jamás me he equivocado en nada, sino en las cosas que yo más quería

Tiene Luis Rosales un precioso poema titulado "Autobiografía". Un poema que yo no conocía hasta que un amigo, que coordina la revista del instituto, lo publicó en ella para conocimiento de sabios e ignorantes.

Del poema unos versos me golpearon en el pecho y son los que titulan esta entrada: "...sabiendo que jamás me he equivocada en nada, sino en las cosas que yo más quería."

Haciendo la salvedad de que yo me he equivocado en muchas cosas, cierto es que se tiene tendencia a equivocarse en aquello que más se quiere.

Porque el querer nubla el entendimiento. Hace perder la perspectiva. Impacienta, exige, desespera. El querer nos hace vacilar ante lo que el sentido común vería claro. El querer convierte en una estrella al ser querido y se pretende que brille como ninguna, que no tenga parpadeos, que no la tape una nube, que no la empañe una lágrima.

Si esto es cierto en general, más cierto es en el amor de madres a hijos. Ahí perdemos pie. Equivocarnos es el sino y el destino. Vacilar, dudar, no escarmentar en cabeza ajena, despreciar la experiencia, sentirnos desdichadas, hablar y querer recuperar las palabras, callar y querer haber dicho, luchar contra el tiempo, no ver lo evidente, ver lo que no existe...

En lo que yo más quería, en donde nunca habría una de equivocarse.

(Imagen: sobrevivire.blogspirit.com)

domingo, 3 de julio de 2011

De mi pasado vengo (IV)



Creen nuestros jóvenes que han descubierto las redes sociales. Creen que sus feisbuscs, sus tuiters, sus tuentis, les relacionan, les sostienen, les acercan, les descubren amistades, les añaden vida a su vida.

No saben que las redes sociales han sido para los jóvenes, desde siempre, el ambiente que les sustentaba, el descanso que les esperaba, la ilusión de los primeros años, el compañerismo...

Acabar el día, reunirse con los amigos, decir intrascendencias -o trascendencias, vete a saber- beberse la vida, compartir las ilusiones, diseñar el futuro... Esa es la masa de la juventud.

En esta foto aparece mi padre (de pie, a la derecha) junto a algunos de sus amigos. Son todos muy jóvenes, aunque no lo parezca. En aquella época entrar en la vida adulta era reproducir paso a paso a los mayores: el cuidado bigotito, el traje de los domingos, la pulcritud... incluso el luto en la manga.

Lo que sí sigue siendo un factor común es el alcohol: una botella de aguardiente y unos cuantos vasos para invitar a la complicidad. Botellón, pero en el velador de un bar.

Alguien, un privilegiado, aparece con una cámara de fotos y el instante queda para siempre: juventud y amistad. Lazos para el recuerdo. Momentos que no volverán.

(Imagen: fotografía familiar. Principios de los años 50)

sábado, 25 de junio de 2011

Misterios sin resolver

El alcalde de  Bélmez de la Moraleda se apellida Justicia.

Con ese apellido parece normal que haya acabado en  política (buscando la justicia social) y en un partido que lleva en sus siglas la intención de ser de izquierdas. Pero hete aquí que el señor Justicia, con la que está cayendo -en nuestro país y en el mundo mundial- tenía unos dinerillos que gastar y no sabía en qué. Concretamente eran 587.000 euros de fondos de la Unión Europea, 208.000 euros de la Diputación de Jaén y 42.000 euros del Ayuntamiento.

Cual ratita presumida él, y todo el consistorio supongo, se preguntaban a qué podrían destinar dicho pellizquito. Y pensando, pensando, se les ocurrió crear el "Centro de Interpretación de las caras de Bélmez". Parece una broma pero no lo es. En 1971 se inició una historia que parece no tener fin: en una de las casas del pueblo aparecían unas misteriosas caras en el pavimento que volvían a surgir se las tapara con lo que se las tapara. El tema era propio de un país tercermundista que acababa de incorporarse como aquel que dice al mundo moderno después de una guerra civil y una larga y oscura posguerra. En esa época, lo damos por bueno.

Pero estamos en 2011 y, cuarenta años después, en plena crisis, con los Indignados en la calle y la sensibilidad contra el gasto superflluo a flor de piel se destina casi un millón de euros a revivir supersticiones y fraudes.
Hay quien ha dicho: es que fomentará el turismo. ¿Y  qué? También se fomenta el turismo matando elefantes o prostituyendo niñas y nadie debería subvencionar ese turismo.
Dios me libre de comparar unas inofensivas patrañas con la matanza de animales o la prostitución infantil pero no me digáis que no es para Indignarse.

Mi niña de nueve años hace muchas preguntas sobre como funciona el mundo y el porqué de que haya cosas que se hacen bien y cosas que se hacen mal. Pobrecita, cree que yo tengo las respuestas.

(Imagen: misteriosaldescubierto.wordpress.com)

Quien escucha, su mal oye

Cuando preguntamos a nuestros preciosos hijitos dónde van, con quién, hasta cuándo, para qué, etc. obtenemos vaguedades, en el mejor de los casos, y miradas asesinas en el peor.
Las respuestas se mueven en un arco que va de los bufidos a los gruñidos pasando por los silencios, los gestos y las risas cómplices con sus hermanos, si los hubiera.
Y sin embargo no tienen pudor en mostrar al mundo cosas íntimas, personales, fotos en posturitas, deseos inconfesables, anhelos secretos, datos y detalles que ni poniéndoles cerillas bajo las uñas nosotros podríamos conseguir.

No saben, por más que se lo decimos, que aquello que ponen en la red es una botella que se lanza al océano, algo sobre lo que se pierde el control y que, como se dice en las películas de polis, en cualquier momento puede ser usado en tu contra.

Esos amigos del alma se perderán en el tiempo; esos amores eternos se diluirán como un azucarillo pero los rastros que han dejado en la red darán y darán vueltas recordando un pasado a veces muy olvidable. Se abren a los desconococidos, a los amigos del alma de un cuarto de hora, a los compañeros de parranda. A los padres no, que están en el lado oscuro, que no les comprenden, que no se enrollan, que les hacen la púa. A los padres, ni agua, que bastantes secretos les han guardado en la infancia y bastantes sueños les han velado (a saber de lo que se enteraron cuando hablaban en sus pesadillas).

Así que daré vueltas en la red, como un satélite desnortado, esperando encontrar alguna explicación de las que se me niegan. O, pensándolo bien, mejor me quedo quietecita que aquello que desconocemos no nos puede hacer daño.


(Imagen: gaturro.com)

viernes, 24 de junio de 2011

¡¡Al fuego!!

¡¡Al fuego!! Al fuego con lo inútil, con lo que nos daña, con lo que nos paraliza.
Echemos al fuego las dudas, los duelos, los quebrantos, los dolores, las penas, los malos pensamientos, las intenciones negativas, los hechos irremediables, los anhelos inalcanzables, las lágrimas, la angustia, los silencios culpables, las palabras hirientes, la soledad impuesta, la compañía ingrata.
Quememos lo injusto de este año, lo que no debió suceder y sucedió, lo que esperamos y no llegó nunca.

Que de esa hoguera no quede ni rastro; echemos agua. Purifiquemos con fuego, con agua, con aire. Limpiemos para encontrar la paz de espíritu, la serenidad, la confianza, la fortaleza. Y si no, la resignación.

Hagamos borrón y cuenta nueva en este solsticio: de forma pagana, examen de conciencia, dolor de corazón y propósito de enmienda.

Tenemos lo que tenemos y ello nos ayudará a vivir.


(Imagen: fotografía personal. Hoguera de San Juan. Verbena de las fiestas del Centro. 23 de Junio)

domingo, 19 de junio de 2011

Personajes (V) Fundador

El coñac Fundador, que supongo que aún existe, se anunciaba hace años en la prensa y en la televisión con el eslogan que se ve en la imagen: "está como nunca".

Y por eso al personaje que hoy describo lo llamo así: "Fundador". Es ese ser que aunque lo veamos arrastrado, humillado, hundido, jamás reconocerá sus problemas. Sus derrotas, por más evidentes que sean a nuestros ojos, no existen. Su respuesta tipo al cómo estás siempre es: "Estoy como nunca".

Dentro de dicho personaje hay dos subtipos ya más difíciles de descubrir a simple vista: aquel que verdaderamente se lo cree y por lo tanto, engañándose a sí mismo es feliz y aquel que no se lo cree pero no reconocería su malestar ni bajo tortura. El primero puede ser, a su vez, de varios tipos: ingenuo, conformista, cegato, optimista, superviviente... El segundo también tiene variedades: orgulloso, resentido, desconfiado...

Todos tenemos, sin embargo, nuestra pequeña parcela de "Fundador". A veces nos cuesta reconocer los fracasos o los dolores a según quién y en según qué circunstancias. Nos ponemos suspicaces por si se alegran o nos hacemos los fuertes para sacar de la apariencia fortaleza. Es poner en práctica lo que decían nuestros abuelos: "Más vale que te tengan envidia que no lástima". Pero es una actitud pasajera si no es ése tu talante. Cuando menos te lo esperas el personaje se te viene abajo y te descubres lamentándote, quizá sin quererlo.

Nuestro auténtico "Fundador", aquel que se merece entrar en esta galería de personajes, es firme en sus respuestas, sin resquicios. Está como nunca, de primera, canela en rama... Que al andar deje un rastro de sangre no importa, siempre su vida será más y mejor que la nuestra. Que lo disfrute.
(Imagen: blog.adlo.es)

sábado, 18 de junio de 2011

La madre de Caperucita

Cuando yo vuelva a nacer, si vuelvo a ser madre, me pido ser la madre de Caperucita.
Esta mujer, de la cual no sabemos ni el nombre, es mi heroína, la persona que vive su  vida y halla su felicidad en saber siempre lo que hace, sin reflexiones culpables ni remordimientos.

Veamos la historia:
Tiene una madre que vive sola en un bosque, en una casa solitaria cuya puerta se abre tirando de una cuerda. Está en cama porque no se encuentra bien y ningún medio de comunicarse conocido, que sepamos, tiene a su alcance.
Tiene una hija, por la estatura con la que aparece en las ilustraciones de no más de 10 años, que no va a la escuela ni se relaciona con nadie.

Con estos mimbres el personaje de la madre de Caperucita -muy hacendosa, eso sí, porque le ha hecho la capita colorada- debería ser un alma torturada. Corriendo entre su casa y la del bosque para atender a su madre, buscando para su hija alguien que la cuidara durante su ausencia y también decidiendo qué ofrecerle para mejorar su futuro. Pobre madre, hubiera podido ser la protagonista de un cuento torturado, de gran profundidad psicológica del personaje, ocupando sus tribulaciones el centro de la historia.

Pero, ¿qué tenemos?. Una madre dedicada a sus labores cotidianas que llenan su ocio y la realizan -ahora coso un vestidito, ahora hago unos pasteles, ahora emboto miel- que recuerda que su propia madre no está muy bien y debería llevársele algo de comer. Así pues prepara una cesta: miel, vino (???Sí, en algunas versiones le envía vino, digo yo que para olvidar las penas) y un pastel. Ir ella no le va bien, quizá daban su serial favorito o una causa similar. Así que quién mejor que su hijita. Sólo debe atravesar el bosque, tener cuidado con un lobo que ronda y no salirse del camino. Cosas todas ellas al alcance de una niña de diez años bien educada. Le hace unas recomendaciones al respecto y la envía a cumplir con su misión.

El resto del cuento todos lo sabemos: se encuentra al lobo, le habla, se sale del camino, hace todo lo contrario de lo que debería y le pasa lo que le pasa.

Por mucho menos de eso la Administracion Pública le quitaría a esa madre la custodia y se la acusaría de maltrato a menores y a ascendientes a su cargo pero en este cuento no recae en ella ni la moraleja. La moraleja es para la niña: ojo, no desobedezcas a tus mayores que siempre velan por ti y saben lo que hacen. Anota los valores que te preservarán de los problemas: discreción en el trato con desconocidos y obediencia a los consejos maternos.

¡Qué gusto sería ser una madre así! Libre de culpas, de duelos y quebrantos por lo que ha sucedido o por lo que pueda suceder. Exculpada por el mundo y por una misma. Dejando que cada cual viva como pueda y siga o no los consejos sacando las consecuencias oportunas. ¡¡Me pido el personaje!!

(Imagen: jorgulio-nuube.blogspot.com)

jueves, 16 de junio de 2011

De mi pasado vengo (III)

En esta fotografía están mis abuelos maternos, mi tío, mi madre y mi tía. Falta la más pequeña, que nacería unos años después.
Está hecha a principios de los 40: quizá era la primavera de 1941 ó 42.

Mi tío y mi madre se llevaban unos 20 meses. La diferencia de edad entre mi madre y mi tía era de más de cuatro años. En esos años que las separan habían nacido otras dos criaturas que murieron en el intervalo de pocas semanas: Silverio, con algo más de dos años y Francisco, de unos pocos meses. A los dos se los llevó el sarampión que entonces hacía estragos, como tantas otras enfermedades infantiles. Los primeros años eran críticos y si los niños los superaban había otro trance que pasar: la primera juventud, en la cual la tuberculosis les rondaba y se llevaba a muchos de ellos.

Mi abuela fue una madre con suerte: sólo perdió dos hijos. Vecinas y amigas perdieron tres, cuatro, seis... Los hijos te los daba Dios y Dios te los quitaba. Perderlos era algo tan natural como parirlos. Se morían y a ello todo el mundo estaba acostumbrado: "Angelitos al cielo y ropita al arca". Los angelitos volvían al lugar de donde habían venido y la ropa se guardaba porque al año siguiente seguramente se habría de volver a usar. Se les velaba, se les lloraba, se les enterraba y se les olvidaba. A veces, se aprovechaba su nombre para otro que nacía después. De los que hubieran sido mis tíos no queda ni siquiera una fotografía. Fotografiarse era un acontecimiento para el cual había que prepararse con tiempo.

Cuando pensamos en el desgarro que debe producir la muerte de un hijo nos sorprenden estas historias tan cercanas a nosotros. Cuando los hijos se han convertido en el centro de atención, cuando absorben tu pasado, tu presente y hasta tu futuro, cuando sus cambios y vaivenes determinan la felicidad propia, se nos hace difícil comprender cómo no hace tanto tiempo eran una parte de la vida que venía con naturalidad -si no venían se podían criar los sobrinos, los ahijados... que para eso había muchos en casi todas las famlias-, se criaba con naturalidad y si se iban la vida seguía porque ni eran el centro ni podían serlo. Se esperaba de ellos que crecieran con lo que había -lo mismo que sus padres habían tenido-, que ayudaran en cuanto tuvieran edad -que era muy pronto- y que cuidaran a sus padres en la vejez..

Así era la vida y de ella venimos. Sin olvidarnos de que así sigue siendo todavía en sitios no tan lejanos.

(Imagen: fotografía familiar. Principios de los años 40 del siglo pasado)

miércoles, 15 de junio de 2011

De una pieza

Dice la Real Academia Española de la Lengua que ser alguien de una pieza es ser alguien íntegro, sin dobleces.
Ser de una pieza se considera una virtud, una cualidad, una condición que nos hace mejores personas y que nos ayuda en nuestro caminar por la vida.

Y sin embargo, nos examinamos y quien más quien menos se ve los encajes, las fisuras, las grietas, las muescas, lo que sea que une las diferentes personas que somos, en el tiempo y en el espacio.

¿Qué tendríamos en común con la chica que fuimos a los veinte años? ¿Cuántas veces dijimos yo jamás... yo nunca... yo en la vida... y ahora deberíamos tragarnos nuestras palabras -en el caso de que podamos incluso recordarlas-? ¿En qué nos reconocemos en las opiniones sostenidas, en las discusiones entabladas, en las actitudes enarboladas hace años? ¿Somos esa alegre y divertida compañera a la hora del aperitivo o somos esa madre desesperada que pierde los nervios? ¿Somos la amiga que consuela o la conductora que se exalta? ¿Somos la consejera prudente o la persona desbordada por las circunstancias? ¿Somos la niña llena de ilusiones o somos quien llora por los sueños perdidos? ¿Somos quien fuimos, quien somos, quien seremos?

No soy de una pieza ni podré serlo. Acepto mis contradicciones y mis caras diferentes. Me hacen humana y me hacen fuerte. O no, pero así es. Hoy digo blanco, siento blanco y mañana puedo decir negro porque todo cambia. Así lo canta la gran Mercedes Sosa y así lo siento: Todo cambia.

Ahora sólo me queda aceptar que mis hijos también cambian y que hay que sentarse a esperar que el fruto de los cambios sea para bien.

(Imagen: shop.alifemoreinteresting.com)

martes, 14 de junio de 2011

¡Qué culpa tengo de quererte tanto!


En su  sensible blog Melina ha incluído un poema de Leopoldo Lugones.
Supongo que el poeta no pensaba en el amor de una madre a su hijo cuando lo escribía pero yo, sensible al tema desde siempre y en los últimos tiempos dramáticamente sensible, hago míos esos versos y digo: ¡Qué culpa tengo de quererte tanto!

Y sin embargo, culpa tengo. Soy culpable de confiar cuando no debo y desconfiar cuando no es necesario. Soy culpable de buscar sus manos y sentirme sola si ya no caben en las mías. Soy culpable de haber construído mi felicidad sobre un futuro ajeno. Soy culpable de pedir lo que yo doy. Soy culpable de ser dura y de ser tierna, de ser exigente y de ser condescendiente. Culpable de espiar, de escuchar. Culpable de no oír. Culpable de no ver. Culpable de ver demasiado. Culpable de llevar por bandera la maternidad. Culpable de querer que vean la vida con mis ojos, que sientan con mi corazón, que luchen por mis ideales. Culpable de avergonzarme por ellos cuando ellos son yo misma.

Soy culpable de no escuchar sus voces, de no valorar sus sueños, de que el cristal con el que miran me sea ajeno. Culpable de no tener paciencia, de no saber esperar que las aguas vuelvan a su cauce. Culpable de no aplicar lo que predico. Culpable soy pero ya estoy pagando: en el pecado llevo la penitencia.

Sólo he de decir en mi descargo que el amor es infinito. Pero también, como el poeta, he de decir "Y es tan hondo el dolor con que te quiero, que tengo miedo de quererte así". Que mi amor no les asfixie, que mi amor no les ahuyente, que mi amor no  les dé miedo, que mi amor no les aparte de mí.

(Imagen: Paty Cruzat "Abrazo máximo")

lunes, 13 de junio de 2011

La mano que sostiene, el pecho que cobija

Acabo de llegar de un funeral. Hace unos días murió una persona conocida, la hermana de un tío político y, como es costumbre en nuestro país y en la religión en que nos bautizaron, al cabo de unas semanas se le hace un funeral.

Las personas que no pudieron asistir al entierro o aquellas más cercanas que quieren reiterar su acompañamiento a los dolientes -habría que hacer una entrada sólo para comentar esas bonitas palabras que repetimos sin darnos cuenta de su peso- asisten a esa misa donde se nombra al difunto y se ruega que sea acogido en el cielo, prometido desde el bautizo.

Las palabras que dicen los sacerdotes en esos casos son terriblemente vacías: poco pueden consolar a quien está sufriendo y parecen dichas para que uno se alegre por lo ocurrido y esté deseando morirse porque lo que le espera es maravilloso y alejado del sufrimiento que nos rodea. No son sensibles a los diversos grados de fe que tienen los que asisten ni a si las circunstancias de la muerte les han hecho perder la confianza y tambalear las creencias que les inculcaron.

Sin embargo, por sorpresa, hay cosas que todavía conmueven: la luz de las iglesias o su penumbra, la entrega que se ve en gente o muy joven o muy vieja, la austeridad o el barroquismo, las velas, la liturgia repetida en tantas voces... y las letras de algunos himnos que, de repente, te dan ganas de creer por encima de todo. De volver a pensar que alguien vela por ti -la mano que sostiene, el pecho que cobija- sin pedirte nada a cambio. Que alguien te quiere por encima de todo y nunca te abandonará. Que alguien te espera para perdonarte todo lo malo y premiarte todo lo bueno. Alguien que no va a fallarte ni queriendo, ni sin querer.

Luego sales de allí y recuerdas los dolores -propios y ajenos-, las cosas pedidas y nunca concedidas, los desgarros que se te han ido acumulando, las desgracias que la humanidad acumula y sientes que el argumento era bonito pero poco creíble. Lástima.


(Imagen: pensamientograduacion.blogspot.com)

viernes, 10 de junio de 2011

Por saber

¿Cuánta energía se gasta en un abrazo? ¿Cuánta se recibe? ¿Es una ernergía renovable?
¿Por qué le llaman memoria cuando quieren decir rencor? ¿Por qué le llaman justicia cuando quieren decir venganza?
A quién se quiere más, ¿a mamá o a papá? ¿Qué han de hacer papá o mamá para encabezar el ránking?
¿Por qué vamos arrastrando eternamente el cordón umbilical? ¿Cuánto duele cortarlo?
¿Quién diferencia los vicios de las virtudes? ¿Con qué criterio?
¿Es cierto que vivimos en el mejor de los mundos? ¿Cómo será el peor?
¿Por qué los debes pesan más que los haberes?
¿Por qué fallando una vez se olvidan tus éxitos?
¿Cómo se dicen verdades sin ofender? ¿Cómo se dicen mentiras sin herir?
¿Quién te llevó de la mano por última vez? ¿Quién te sentó en sus rodillas para domirte?
¿Dónde van las palabras que te tragas? ¿Dónde van las miradas que escondes?
¿Quién nos quiere y no nos lo dice? ¿Quién no nos soporta y lo dimisula?
¿Por qué no recibimos una señal cuando en nuestra vida hay un cambio de agujas?
¿Por qué una hora no dura siempre sesenta minutos? ¿De qué depende?
¿A quién debemos algo y no somos conscientes? ¿Quién nos debe y no nos paga?
¿En qué lugar fuimos más felices? ¿Qué lugar recordaremos en el último momento?
¿Dónde estaremos la próxima primavera? ¿Cómo de largo se nos hará el invierno?
¿Por qué el sol a veces no nos calienta?
¿Qué hemos de poner en la balanza para decir que hemos vivido?
¿A quién debemos dedicar los triunfos? ¿Quién se enorgullece de nosotros?
¿Tiene el cariño fecha de caducidad? ¿Y la amistad?
¿Por qué somos inasequibles al desaliento? ¿Por qué nos levantamos aunque nos creamos caídos para siempre?
¿Cómo tenemos el corazón de grande?
¿Quién puede contestar tantas preguntas?

(Imagen: 10puntos.com)

jueves, 9 de junio de 2011

Expulsados del paraíso

Acurrucarte en la cama de tus padres. Disfrutar haciendo el equipaje. Creer en los Reyes Magos. Alegrarte con las visitas imprevistas. Poner dientes debajo de la almohada. Llenar la bañera de animales. Escuchar cuentos en la cama. Quedarte en casa cuando tienes fiebre. Dormirte en el regazo de tu madre. Verlo todo desde los hombros de tu padre. Hacer amigos en un rato. Creerte inmortal. Creer que los demás son inmortales. Tener abuelos. Curarte con un "sana, sana". Curiosear en los cajones. Ponerte la ropa de los mayores. Sentir que vuelas cuando te hacen el avión. Vivir veranos eternos. Meterte en los charcos. Señalar a la gente por la calle. Cantar canciones subidos en una silla. Amanecer con una sonrisa. Alegrarte porque llueve, porque hace sol, porque hay nubes, porque sopla el viento. Sentirte querido incondicionalmente. Llorar y reír sin vergüenza. Hacer de una herida una aventura. Recibir besos y caricias sin medida. Montar el belén. Poner bolas en el árbol. Disfrazarte con cualquier cosa. Empacharte sin culpabilidad. Gritar sin que te importen los vecinos. Aprender a leer. Ir al zoo. Saltar a la cuerda. Tocarte con las manos las puntas de los pies. Esperar con ansia el cumpleaños. Dormir de un tirón. Dejar que decidan por ti.

Intranquilos, dolidos, resentidos, ansiosos, impacientes, injustos. Nuestros pequeños están esperando ser felices de nuevo sin saber que con la libertad que tanto ansían perdieron el paraíso.

(Imagen: Quino)

miércoles, 8 de junio de 2011

Conducir en perfectas condiciones

Hace unos días fui a renovar mi carnet de conducir.
Teniendo en cuenta que un automóvil puede convertirse con facilidad en un arma de destrucción masiva no es éste un trámite que pueda tomarse a la ligera y así lo entiende la administración exigiendo un informe médico que certifique tu salud física y mental.

Así pues, con la alegría que la responsabilidad ciudadana imprime, me dirigí a uno de los centros autorizados para dicho trámite.

Primer paso: entras y en el mostrador de recepción te piden 92 euros que pagas sin rechistar. Que tú dices,  vaya por Dios, lo primero cobrar. Pero no, se te escapan, porque no eres especialista, los objetivos que tiene cada uno de estos pasos. Cuando tú pagas religiosamente lo que te han pedido la amable chica recepcionista no sólo marca en una casilla "cobrado" sino que certifica que:
a) el usuario acata las normas sin asomo de rebeldía ni cuestionamiento,
b) el usuario controla los accesos de ira súbitos,
c) el usuario responde con equilibrio y templanza a las situaciones de riesgo y peligro que se le presentan imprevisiblemente,
d) el usuario no padece taquicardías, ataques de ansiedad ni trastornos varios ante situaciones de estrés y tensión.

 Seguidamente pasas al despacho del oculista. La vista es la que trabaja primordialmente en la conducción así que el facultativo se asegura de que ésta esté en perfectas condiciones. Para que tu autoestima no se resienta, eso sí, te coloca a un metro aproximadamente del cartel que debes leer con tino.

En el siguiente despacho te toman la tensión, que consideran normal si se mueve en la franja de entre 2 y 18. Si estás por debajo de 2 te recomiendan beber café y si estás por encima de 18 que no lo bebas. También te auscultan. Por debajo o por encima de la ropa según tu aspecto. Yo estoy en un grado medio pues requirieron que me desabrochara algunos botones (para la edad que tengo no está mal). El oído se obvia. Total, para lo que hay que oir.

Y para finalizar entras en el despacho que ostenta el cartel de "Psicóloga". Aquí primero te colocas a los mandos de un aparatito consistente en dos manivelas. Con cada una de ellas debes dirigir un vehículo que se mueve en dos franjas que avanzan haciendo curvas y rectas aleatoriamente. Cuando dicho vehículo toca los márgenes el aparatito en cuestión pita. Lo normal es que los pitidos sean continuos (se oyen desde el pasillo) pero la señorita psicóloga considera que como normalmente, excepto en las películas de James Bond, no se conducen dos vehículos a la vez, la prueba está superada satisfactoriamente.
También te pregunta si tomas psicofármacos, drogas, medicación para depresión, ansiedad... a lo cual tú contestas que no. Y ella te cree porque sabe que dices la verdad, que para eso ha estudiado.
Y como colofón te sientas delante de una webcam para hacerte una foto. La pega que tiene esta foto es que has de bajar la barbilla hacia el cuello con lo cual las posibilidades de que te saquen papada aumentan peligrosamente. La ventaja es que la señorita psicóloga ve en su pantalla no sólo tu imagen sino que el sofisticado aparato descubre -como los escáneres en los aeropuertos- si llevas un embudo invertido colocado en la cabeza. Si no es así lo que parece una inocente fotografía acaba de certificar fehacientemente tu salud mental.

Y revisión concluida. Pasas por recepción y te dan un resguardo que te permitirá conducir hasta que te llegue a casa el carnet renovado.
Y sales pletórica, en la confianza de que los cientos de conductores con los que te cruzas en la carretera han pasado, todos ellos sin excepción, por el  mismo control que tú. Como mínimo están tan sanos como dice su certificado médico.


(Imagen: testblog.net)

martes, 7 de junio de 2011

Caminos cortados

La entrada anterior era nostálgica. Tenía añoranza, melancolía y también culpabilidad: dejé de llamar, perdí el contacto, no respondí a mensajes... qué se yo cuántas razones nos alejaron de los amigos. Quizá sólo el tiempo.

Esta entrada, en cambio, es pura tristeza. Pero he de escribirla. Ya vendrá el momento del optimismo y de la alegría.
Es la entrada de los caminos cortados, de las rutas irrecuperables hacia gente que formó parte de nuestra vida. Con ellos se llevaron una parte de nosotros. Con ellos se fueron ocasiones de hablar, de reír, de perdonar y ser perdonados, de criticar, de alabar, de recuperar recuerdos, de planear el futuro, de revivir el pasado...

Añoro a mi madre, a quien nunca fuí capaz de explicarle cómo la quería. Añoro a mi abuela Concepción que me crió con firmeza y desvelo. Añoro a mi abuelo Gonzalo y sus batallitas. Añoro a mi abuela Anica, divertida y ausente. Añoro a mi tío Nicolás, alegre y optimista. Añoro a mi tíos José, Dolores, Nazario, Teresa, Eduvigis... testigos de mi infancia. Añoro a Dori con la que paseé en el verano tantas veces. Añoro a todos los que fueron importantes en la vida de la gente que me importa. Añoro a la gente que no conocí pero que me han hecho como soy. Añoro las vidas que ya nunca se cruzarán con las mías.

(Imagen: vivirconmiopatia.blogspot.com)

lunes, 6 de junio de 2011

Caminos donde creció la hierba

Hace menos de veinte días fue mi cumpleaños. Cumplir años siempre es bueno porque la alternativa ya sabemos cuál es. Aun así hay años en que nos coge en mal momento y rememoramos tiempos mejores y oportunidades perdidas y cosas que hicimos y cosas que no hicimos y personas que añoramos...

Algo que me ronda en la cabeza desde ese día es cuánta gente conocemos y cuánta llegamos a perder sin motivo.
Una frase que ha rodado por el mundo desde Platón hasta nuestros días nos aconseja no dejar crecer la hierba en el camino de la amistad. Una frase certera pero un consejo difícil de seguir. A veces, ni siquiera dejamos que el camino florezca: hay una afinidad, un algo que nos une pero que no cuaja porque no hay tiempo ni hay oportunidad. Otras veces ha llegado a haber muchas cosas compartidas, buenos y malos momentos, muchas horas del día que, de repente, quedan en nada.

Con esta entrada quiero hacer un pequeño homenaje a muchas de las personas que pasaron por mi vida, que fueron mis amigos o pudieron llegar a serlo y que quién sabe dónde están.

Añoro las conversaciones con Dora, de Bélmez de la Moraleda, cuando íbamos y veníamos de Esparraguera. Añoro las esperas interminables en casa de Dolors, mientras comía con sus hermanos, antes de ir al cole. Añoro los paseos por el pueblo con Mari Carmen, comiendo pipas y sidral. Añoro las comidas atragantadas de risa con todo el claustro del Montpedrós. Añoro a compañeros del instituto que parecía que iban a ser amigos para siempre: Pedro, Tete, Manoli, José Luis, Marta y tantos otros. Añoro a Carlos, Eulàlia, Carmen y Quico, animados siempre. Añoro a Montserrat, reflexiva y tan compañera. Añoro incluso a aquellos de los que no me acuerdo y por ello, más los añoro: porque definitivamente se colaron por la rendija del tiempo.

(Imagen: es.123rf.com)

sábado, 4 de junio de 2011

La barandilla en los balcones (VI)

Hoy os acerco a lecturas un poco especiales. Corresponden a libros que me decepcionaron quizá porque los leí con muchas expectativas, bestsellers infumables que se vendieron como churros y en los cuales piqué, novelitas insulsas respaldadas por un nombre famoso... en fin, literatura olvidable.
Lo curioso y lo mágico es que, aun así, aparecen frases que resplandecen, palabras que merece la pena recordar. Así son los libros: entre sus páginas, y a pesar de sus autores, se esconden siempre rayos de luz.

"Vivimos en una sociedad tan delirante, que ser "normal" no es otra cosa que delirar con los demás."
("Preocuparse es divertido" Corinne Maier)

"La saviesa és com el somriure del gat d'Alícia, allò que ens queda quan el gat ja ha fugit."
"La feina de l'educació, en definitiva, és obrir els ulls."
("Mirades a l'educació que volem" Joan Doménech i Joan Guerrero)

"El atractivo de una actividad es el resultado de dividir el placer que produce por el esfuerzo necesario para conseguirlo."
"El sabio Aristóteles elogiaba al viejo Platón porque había dicho que el fin de la educación es enseñar a desear lo deseable."
("La magia de leer" José Antonio Marina)

"L'odi, com els rius, fa menys soroll com més profund és."
"Els esclaus sense amo són lliures. Els amos sense esclaus no són res."
"La mentida més creïble sempre és la més gran."
("Pandora al Congo" Albert Sánchez Piñol)

"Hemos conocido al enemigo y éste es nosotros mismos."
"Nuestro cerebro está programado para la aprobación porque cuando éramos bebés, ser rechazados significaba la muerte."
("Paz interior para gente ocupada" Joan Borysenko)

"Vivir es penar, decía mi abuela, que tenía todo tipo de virtudes salvo el optimismo."
"Decía Cicerón que el que aconseja solamente responde de sus buenas intenciones."
("Todas las muñecas son carnívoras" Ángela Vallvey)

"Los rumores son como la crecida de un río. No se pueden frenar."
("Los libros arden mal" Manuel Rivas)

Quizá alguien que lea esta entrada considere injusta la inclusión de alguno de estos libros. Si es así, pido perdón y recuerdo que el mejor escribano echa un borrón.


(Imagen: cuadernodelasletras.blogspot.com)

viernes, 3 de junio de 2011

Fan del Coyote

Tengo muchos defectos. Unos son evidentes para los demás y otros están ocultos y sólo a mí me molestan. Unos son fruto de mi educación y otros de mi experiencia. Unos propios de la época en la que vivimos y otros se arrastran por el mundo desde hace siglos. Unos están dominados y otros me dominan.

Todos ellos pueden dividirse también entre los que rechazo y pongo en mi lista de corrección -elaborada cada primero de enero- y los que acepto porque me hacen ser quien soy.

En este último grupo está la querencia por los fracasados, por los perdedores, por aquellos a quienes todo le sale mal -con culpa o sin ella-. Me despiertan la ternura, por muy cafres que sean, aquellos que tropiezan una y otra vez con la misma piedra, los que se meten en líos, los que se ponen una meta que nunca alcanzarán, los malos de la película que no despiertan aplausos. Es un defecto: lo sé. Está mal visto justificar lo injustificable y defender a quien cae, sobre todo si es por su culpa. Pero no puedo evitarlo. Cuando todo el mundo aplaude al bueno yo siento que no todo se lo ha merecido.

Por todo lo expuesto, y sabiendo que no tengo razón, soy fan del Coyote, de los equipos de fútbol que juegan contra el Barça, de los partidos que nunca gobernarán, de los alumnos que suspenden, del gato Silvestre, de la URSS, de los indios en películas de los 40 y de los vaqueros en películas de los 90, del gato Jinks, de Salieri, de Madame Bovary, del Superagente 86, de los ladrones en los juegos infantiles, de las Divinas, del feo y el malo, de los cátaros, de Moctezuma, de los hermanos Dalton... y así hasta el infinito pues la vida está llena de fracasados.
(Imagen: fotosguapas.net)

jueves, 2 de junio de 2011

Vendo lote de consejos en buen estado. Ideal parejas. Muchas posibilidades. Incautos, perdón interesados, dejad un comentario

  • El amor todo lo puede.
  • Cariño y sentido común es todo lo que se necesita.
  • Hablando se entiende la gente.
  • Cuenta hasta diez antes de hablar.
  • No te calles nada: luego pasa factura.
  • Si tú lees tus hijos leerán.
  • No te preocupes.
  • El tiempo todo lo cura.
  • Ten paciencia.
  • Con una sonrisa se te abrirán todas las puertas.
  • Haz bien tu trabajo y obtendrás tu recompensa.
  • La vida pone a cada uno en su lugar.
  • Escucha mucho y habla poco.
  • Sé fuerte y sé firme.
  • Confía en los demás.
  • Olvida y perdona.
  • Pon límites y harás más felices a los que de ti dependen.
  • Ofrece tu experiencia. Valora la ajena.
  • Ayuda desinteresadamente.
  • Sé generoso.
  • Toma nota de los consejos.
(Imagen: educacioninicial.com)

sábado, 28 de mayo de 2011

De mi pasado vengo (II)

La mujer de luto que hay en la foto se llamaba Juliana ("Uliana" tal como lo pronunciaban en el pueblo). En la puerta grande vivía ella y en la puerta pequeña... sus conejos.
Hay quien tiene casas con gateras para sus gatos pero nunca supe de nadie más que tuviera entrada independiente para sus conejos.
Al atardecer, cuando el calor de agosto se hacía más soportable, les abría la puerta y mientras ella los contemplaba, como una madre contempla orgullosa a sus hijitos, ellos corrían, daban brincos, se perseguían... pero sin alejarse demasiado. Cuando Juliana consideraba que el recreo se había terminado daba unas palmadas y, como los párvulos, ellos se apiñaban para entrar rápidamente.
Los niños salíamos por la tarde de allí donde estuviéramos para verlos corretear libres pero sabiendo a quién pertenecían. Los niños que además veníamos de la ciudad contemplábamos el espectáculo maravillados y no menos sorprendidos que si los hubiera sacado de una chistera.
Hace ya tantos años de aquello que, si no fuera por esta fotografía, creería a estas alturas que lo había soñado. Pero no, Juliana y sus conejos disfrutando del recreo formaron parte de mi infancia en el pueblo, de aquellos días interminables y libres, de aquella sensación de fiesta eterna, de aquel calor de agosto que nos daba la vida, de aquellos placeres sencillos y ahora inalcanzables.
La casa sigue allí. Está renovada. La puerta de entrada es más grande y tiene un zócalo horroroso en lugar de la cal andaluza. Cuando Juliana murió cerraron la conejera y la convirtieron en una sala con ventana.
Ahora, en el verano, a veces aparcamos en la puerta cuando la casa está vacía y mientras sigo los movimientos del coche siempre tengo la tentación de decir: "Cuidado con los conejos".

(Imagen: fotografía familiar. Principios de los 70 aproximadamente)

martes, 24 de mayo de 2011

Defender la alegría

Años hay en los cuales la alegría se aleja. Años hay en los cuales las palabras no consuelan, no se encuentran. O quizá se atraviesan, diminutas y duras, en la garganta y en lugar de alivio procuran agonía.
Es el momento entonces de recurrir a las voces bellas, a los poetas, a los que reconcilian con la vida, a aquellos que nos unen, con un hilo, a la esperanza.


"Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
                  y también de la alegría"

Mario Benedetti

(Imagen: val023.blog.com.es)

domingo, 22 de mayo de 2011

Tarjeta roja

Para los que creen que los hijos salen como los padres quieren. Para los que blanden su experiencia como si fuera la única.
Para los que hablan y no escuchan.
Tarjeta roja para aquellos que hieren sin piedra ni palo. Para los que no se conmueven ante el dolor. Para los que desprecian las lágrimas.
Para los soberbios. Para los turbios.
Tarjeta roja para quien promete y no cumple, para quien trepa pisando corazones.
Saquemos tarjeta para los que son fuertes con los débiles y débiles con los fuertes. Tarjeta roja para los que mienten cuando se piden verdades. Para los que dicen verdades cuando pedimos mentiras.
Tarjeta roja para los que no se permiten emociones, para los que no se las permiten a los demás.
Para aquellos que ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Para los que nos confunden con su palabrería, para los que con su silencio nos avergüenzan.
Saquemos ya tarjeta a los tóxicos, a los que cada día intentan encogernos el alma. A los duros de corazón y blandos de cerebro.
Tarjeta roja para los que nos ensucian el horizonte. Para los culpables que culpabilizan. Para los mártires sin martirio, para los héroes sin hazañas.
Despejemos el campo donde nos jugamos la vida de aquellos que nos desalientan, que nos deprimen, que nos agobian, que nos decepcionan.
Juguemos limpio, juguemos por jugar, por el placer de lo compartido.
Tarjeta roja con decisión, con firmeza. Tarjeta roja sin vacilaciones para poder caminar con alegría.
(Imagen: esfutbol.es)

sábado, 21 de mayo de 2011

Por un puñado de votos

Mañana tocan elecciones.
¡Qué bonita es la democracia! Cada muy poquito podemos contribuir con nuestro voto a que todo funcione, a que las cosas se hagan de una manera o de otra, a que se solucionen nuestros problemas. O eso es lo que nos venden, claro.

Pero lo mejor de las elecciones, con diferencia, es la campaña. Saca el lado oculto de nuestros políticos y nos los presenta de una manera única y desconocida: bailan la jota, abrazan niños, recuerdan el nombre de un vecino, compran en el mercado, viajan en metro, visitan hogares de jubilados, hacen promesas que pudieron cumplir y nunca cumplieron...
En fín, menos besos con lengua, como dice Forges, estamos dispuestos a aceptarles todo sólo por el placer de verlos hacer el ridículo por un puñado de votos.
Ya se lo cobrarán después, con creces.
(Imagen: Forges)

jueves, 19 de mayo de 2011

Cumpleaños

Cuando era pequeño me enseñaron,
a perder la inocencia gota a gota,
que idiotas.

Cuando fui creciendo aprendí,
a llevar como escudo la mentira,
que tontería.

De pequeño me enseñaron a querer ser mayor,
de mayor voy a aprender a ser pequeño,
y así cuando cometa otra vez el mismo error,
quizás no me lo tengas tan en cuenta.

Me atrapó el laberinto del engaño,
con alas de cera me escapé,
para no volver.

Cerca de las nubes como en sueños,
descubrí que a todos nos sucede,
lo que sucede.

De pequeño me enseñaron a querer ser mayor,
de mayor voy a aprender a ser pequeño,
y así cuando cometa otra vez el mismo error,
quizás no me lo tengas tan en cuenta. 
 
De mayor voy a aprender a ser pequeña
Como Bunbury. ¿Será tarde para mí? 


(Imagen: fotografía personal. Hace unos cuantos años)

miércoles, 18 de mayo de 2011

Envejecer. Tragicomedia en x actos

En la niñez el tiempo es infinito: el reloj no corre en el vestíbulo de la escuela, en las tardes cabe todo, el lunes es un día que jamás llegará, septiembre está en la otra orilla de un océano...
Se transita por la adolescencia con afán, con impaciencia. Cada cumpleaños es un triunfo. Huimos con alegría de la seguridad y los brazos conocidos. Buscamos en otros nuestra imagen, sacrificamos lo seguro por lo incierto. Pero todo con prisa, con prisa infinita, luchando contra el, a nuestro juicio, lento paso del tiempo.
Y así, no llegamos a saber en qué momento, el reloj cambia su ritmo y el fluir lento que nos desesperaba se convierte en una velocidad que nos espanta. Cambiamos sin querer de imagen, de amigos, de convicciones. Se nos resquebrajan los principios y las seguridades junto con la tersura y la firmeza de la piel. Nos despertamos cada día más conscientes de nuestro cuerpo porque hay un achaque nuevo y más conscientes de nuestra alma porque hay una nueva pérdida.
Miramos nuestros álbumes, cada vez más llenos de muertos. Miramos a nuestros hijos, cada vez más lejos de nosotros. Miramos a nuestros amigos, enfrascados en sus problemas. Miramos a nuestro mundo, que nos  comió antes de que nos lo comiéramos. Miramos nuestro trabajo, donde ya sabemos que nada podremos cambiar. Miramos, por fín, nuestros ojos en el espejo y creemos ver a otro. Alguien a quien quizá no hubiéramos dado nuestra confianza en la infancia o alguien que nos hubiera parecido invisible en nuestra adolescencia. Vemos cansancio y atisbamos con ahínco por descubrir la chispa que un día brilló y nos dio fuerza.
Un momento. Ahí está. La veo. Algo hay donde algo hubo. No todo está perdido. Quizá, con la ayuda de quienes nos quieren, todavía quede mucho bueno por vivir. Pero, por favor, ahora lento, lento. Ya no tenemos edad para prisas.
(Imagen: flickriver.com)

sábado, 14 de mayo de 2011

Yo no me arrepiento de nada


La frase que encabeza esta entrada es para mí una de las más enigmáticas que se pueden oír.

Hay gente, aunque parezca increíble, que tiene a gala no arrepentirse de nada. Ni de lo hecho, ni de lo dicho, ni de lo callado, ni de lo omitido.
Parece ser que, echando la vista atrás, deducen que su vida es un conjunto de decisiones bien tomadas, de opiniones bien expresadas, de momentos bien escogidos. No saben lo que es la culpa, el arrepentimiento, la duda...
Unos lo harán por prepotencia, otros por ignorancia, otros por estulticia, otros por orgullo, otros por... Quién sabe.

Claro que en el otro extremo están los que se arrepienten de todo, los que viven en la duda absoluta, en el "si hubiera dicho..." "si hubiera hecho..." "si pudiera volver a empezar..." "si aquel día, aquel momento, aquel año..." Para todos ellos debería inventarse la herramienta ideal: la goma de borrar vida, de borrar palabras, de borrar actos, de borrar inmovilidades.

Estoy trabajando en este invento para donarlo altruistamente a la humanidad. ¿La razón de tanto esfuerzo?: La caridad bien entendida empieza por una misma.

(Imagen: autopoder.blogspot.com)

viernes, 13 de mayo de 2011

Un gato en un saco

Seis o siete añitos tendría yo cuando viví un episodio que me hizo tener pesadillas durante meses.
A mi abuela paterna se le había colado un gato en el piso de arriba, maullaba desesperado por salir pero no había manera de sacarlo. Le pidió a mi tío que se lo llevara.
Mi tío subió con un saco, lo colocó estratégicamente, puso algo de comida y cuando el gato, confiado, se metió a por ella, cerró el saco y allá que nos fuimos con él para soltarlo en la calle.
Mientras caminábamos el saco se sacudía con fuerza y a duras penas mi tío podía controlarlo. Pero había que abrirlo y a la hora de la verdad ni mi tío ni unos cuantos vecinos que se acercaron divertidos se atrevían a hacerlo.
Cuando finalmente el gato salió saltó como si se estuviera electrocutando: arañó a casi todos los que estaban alrededor, se golpeó la cabeza varias veces contra la pared más cercana y, finalmente, subió por un canalón hasta el tejado de una casa dejando un rastro de arañazos desesperados.
Durante mucho tiempo recordé el episodio con terror y preguntaba a todos por qué aquellos animalitos dulces y tranquilos que se pasaban horas al sol, lamiéndose el pelo, restregándose contra las piernas de los más cercanos eran capaces de transformarse en monstruos incontrolables que veían a sus libertadores como enemigos.
Muchos años han pasado desde aquel día y nadie hasta ahora ha sabido explicármelo. Moraleja: Tened cuidado porque sacar el gato del saco siempre deja heridas.

(Imagen: es.123rf.com)