Acurrucarte en la cama de tus padres. Disfrutar haciendo el equipaje. Creer en los Reyes Magos. Alegrarte con las visitas imprevistas. Poner dientes debajo de la almohada. Llenar la bañera de animales. Escuchar cuentos en la cama. Quedarte en casa cuando tienes fiebre. Dormirte en el regazo de tu madre. Verlo todo desde los hombros de tu padre. Hacer amigos en un rato. Creerte inmortal. Creer que los demás son inmortales. Tener abuelos. Curarte con un "sana, sana". Curiosear en los cajones. Ponerte la ropa de los mayores. Sentir que vuelas cuando te hacen el avión. Vivir veranos eternos. Meterte en los charcos. Señalar a la gente por la calle. Cantar canciones subidos en una silla. Amanecer con una sonrisa. Alegrarte porque llueve, porque hace sol, porque hay nubes, porque sopla el viento. Sentirte querido incondicionalmente. Llorar y reír sin vergüenza. Hacer de una herida una aventura. Recibir besos y caricias sin medida. Montar el belén. Poner bolas en el árbol. Disfrazarte con cualquier cosa. Empacharte sin culpabilidad. Gritar sin que te importen los vecinos. Aprender a leer. Ir al zoo. Saltar a la cuerda. Tocarte con las manos las puntas de los pies. Esperar con ansia el cumpleaños. Dormir de un tirón. Dejar que decidan por ti.
Intranquilos, dolidos, resentidos, ansiosos, impacientes, injustos. Nuestros pequeños están esperando ser felices de nuevo sin saber que con la libertad que tanto ansían perdieron el paraíso.
(Imagen: Quino)
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jueves, 9 de junio de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
Agujeros negros o porqué Hawking no tiene misterios para una madre
"Un agujero negro es una región finita del espacio-tiempo provocada por una gran concentración de masa en su interior, con enorme aumento de la densidad, lo que genera un campo gravitatorio tal que ninguna partícula material, ni siquiera los fotones de luz, pueden escapar de dicha región." Es decir, un agujero negro es un objeto con una gravedad tan fuerte que nada puede escaparse de él, ni siquiera la luz. Todo lo que pasa por el horizonte es atrapado dentro del agujero negro.Bueno, bueno. Habrá quien encuentre indigestas estas palabras, quien recuerde sus años de estudio de la Física con aprensión. Habrá quien no se sobreponga al desconcierto de que haya mentes tan preclaras en el Universo que puedan hablar sin que nadie, excepto unos pocos iniciados, los entiendan. Habrá incluso quien, impelido por un extraño e inexplicable deseo de saber, se lance a las páginas de Internet para intentar desentrañar algo más de este misterio que los científicos estudian para, posteriormente, iluminarnos.
Para estos últimos, deseosos de aprender, anhelantes de descubrir algo nuevo cada día, aporto mi granito de arena. Según mi teoría de Madre con mayúscula los agujeros negros tienen un reflejo paralelo en la vida cotidiana, son regiones finitas y delimitadas que ocupan un espacio-tiempo en el hogar (e incluso en el coche). Cuando los científicos discuten si existen o no, cuál es el más grande o el más pequeño, cómo se crean o cómo se destruyen, qué me ocurriría si me cayera dentro, cuántos hay, si hay alguno cercano a la Tierra, si son pasadizos a otro Universo... las Madres de Familia, así, con mayúscula de nuevo, tenemos datos irrefutables sobre todas estas cuestiones.
Primero: existir, existen. Sobre esto no hay duda. A los 5 años se encuentran en los bolsillos de los pantalones de nuestro hijo. A los 8, en los bolsitos Hanna Montana de nuestra niña. A los 14, debajo del colchón. A los 17, en el estante del armario. También nos sorprenden al ubicarse en el techo de una estantería, en el rincón más escondido del cuarto de baño, en el bolsillo de un albornoz, en la mochila de diario, en la de piscina, en la de excursiones, en la de educación física...
Segundo: todos son grandes. Cómo sino acogerían piedras, calcetines, muñequitos, un labial roto, tres canicas, la primera foto erótica encontrada, el preservativo que le repartieron en el instituto en la charla de sexualidad, un cargador de móvil, un colgante, dos pañuelos usados y uno sin usar, una lima, dos pegatinas, un chicle -usado o sin usar-, una bolsa de chuches, una linterna, llaveros, tazos, cromos, un mp3 que no funciona, el aparato de ortodoncia antiguo y el nuevo, la correa del reloj, el palestino, una funda de paraguas... y así hasta el infinito.
Tercero: se empiezan a crear cuando el Predictor da positivo y no se destruyen jamás. Por la experiencia de otras madres sé que, una vez los hijos se van de casa, se llevan todo menos sus agujeros negros que, inexplicablemente, siguen creciendo con cada visita.
Cuarto: no sólo están cercanos a la Tierra sino que son consustanciales a la vida en la Tierra.
Quinto: jamás nos llevarán a otro Universo porque, por desgracia para los hijos -y aquí lanzo un órdago a los supercientíficos para que lo expliquen- lo engullen todo menos a las Madres.
De las Supernovas ya hablaremos otro día.
Los ladrones de cuerpos
Hace muchos años, cuando yo veía películas de terror, ésta es una de las que más pesadillas me produjeron.
No había sangre, ni asesinos con sierras eléctricas, ni vampiros, ni tiburones que te arrancaban una pierna por menos de nada... La historia era mucho más inquietante porque el terror rozaba la piel en el calor del hogar.
Para quien no la conozca: un pueblo tranquilo, una comunidad de personas con vidas normales, con familias normales... De repente, la gente empieza a cambiar. Sale un día de casa (creo recordar que hacia unas dunas) y, cuando vuelve, parecen los mismos pero no lo son. Tienen los mismos ojos, la misma boca, la misma voz, los mismos ademanes... pero no son los mismos. En esta historia unas vainas gigantes (de origen extraterrestre) ocupan los cuerpos de los humanos para adueñarse de la Tierra.
Y mira tú por dónde, al cabo de los años, los ladrones de cuerpos han llegado a mi casa.
Tenía yo una criatura tierna y amorosa, un osito de peluche cálido y generoso que daba mucho más de lo que pedía. Y un día salió de casa y volvió como un osito de peluche armado: vociferante, impaciente, intranquilo, rebelde sin causa, víctima y verdugo de sí mismo. Mister Hyde, el hombre lobo, el conde Drácula, Hulk, la Bestia...
¿Dónde están esas vainas? ¡Que me las cargo!
(Imagen: cuadernosdecine.blogspot.com)
No había sangre, ni asesinos con sierras eléctricas, ni vampiros, ni tiburones que te arrancaban una pierna por menos de nada... La historia era mucho más inquietante porque el terror rozaba la piel en el calor del hogar.
Para quien no la conozca: un pueblo tranquilo, una comunidad de personas con vidas normales, con familias normales... De repente, la gente empieza a cambiar. Sale un día de casa (creo recordar que hacia unas dunas) y, cuando vuelve, parecen los mismos pero no lo son. Tienen los mismos ojos, la misma boca, la misma voz, los mismos ademanes... pero no son los mismos. En esta historia unas vainas gigantes (de origen extraterrestre) ocupan los cuerpos de los humanos para adueñarse de la Tierra.
Y mira tú por dónde, al cabo de los años, los ladrones de cuerpos han llegado a mi casa.
Tenía yo una criatura tierna y amorosa, un osito de peluche cálido y generoso que daba mucho más de lo que pedía. Y un día salió de casa y volvió como un osito de peluche armado: vociferante, impaciente, intranquilo, rebelde sin causa, víctima y verdugo de sí mismo. Mister Hyde, el hombre lobo, el conde Drácula, Hulk, la Bestia...
¿Dónde están esas vainas? ¡Que me las cargo!
(Imagen: cuadernosdecine.blogspot.com)
viernes, 25 de marzo de 2011
Decálogo de oropel para tratar con adolescentes
Hoy una entrada de autoayuda: como tratar con los adolescentes y salir indemne física y psicológicamente.
Es un decálogo de oropel porque como dice el diccionario el oropel es "cosa de poco valor y de mucha apariencia" que es una buena definición para los consejos que se dan sin ser pedidos y que tienen buena voluntad pero poco más.
Y allá va:
1º Odian las preguntas obvias como por ejemplo "¿Qué? ¿Hace calor?" (cuando entran en casa sudando por cada pelo) o "¿Cómo ha ido el día?" (cuando llegan y tiran la mochila con asco). Evítelas y se ahorrará miradas de odio.
2º Odian las preguntas obvias sólo para ellos del tipo "¿Dónde vas?" "¿A qué hora vuelves?" "¿Con quién has estado?" Evitarlas no mejorará la relación pero ahorrará mentiras.
3º La pregunta "¿Tienes novia/o?" te incluye automáticamente en el club de los viejos entrometidos. Ensaye frente al espejo cómo tragársela cuando la tenga en la punta de la lengua.
4º Jamás pero jamás, jamás, le dé un beso en el perímetro de seguridad que rodee a su instituto, lugares de encuentro, locales favoritos de ocio, etc. (aproximadamente entre 300-1000 m. dependiendo de la susceptibilidad del adolescente en cuestión). Para evitar malentendidos evite si le es posible incluso el saludo.
5º La frase "Cuando yo tenía tu edad" es el camino más corto para que conecte el ipod, mp4 o similar. No crea por su cara de interés que le está escuchando. La practican varias horas al día en clase y la bordan.
6º Las comparaciones siempre son odiosas si es usted quien las hace y provocan en los adolescentes alteraciones neurológicas, sarpullidos, temblores, rictus faciales, tics incontrolables y, en ocasiones, demencia transitoria. Absténgase pues de "Tu primo ya está en la Universidad, fíjate", "El vecino del 3º se ha graduado con sobresaliente, ¿lo sabías?", etc.
7º Las comparaciones no sólo no son odiosas sino necesarias si son ellos quienes las hacen y provocan en los adultos alteraciones neurológicas, sarpullidos, temblores, rictus faciales, tics incontrolables y, en ocasiones, demencia transitoria. Prepárase pues a "Mi amigo vuelve a las cinco de la mañana", "La mitad de la clase ha suspendido más que yo", etc. Si no cree estar preparado consulte con su farmacéutico.
8º No intente elogiar su look, especialmente si está radicalmente alejado del suyo. Si usted, con traje y corbata o traje sastre, elogia sus pantalones caídos y sus bambas desabrochadas y pintarrajeadas cae inmediatamente en desgracia. Obsérvele con disimulo y no haga comentarios. En contra nunca pero a favor menos.
9º No intente confraternizar. Usted es el enemigo, no lo pierda de vista. Si cree tener algo en común con el adolescente en cuestión espere entre 5 y 10 años para decírselo.
10º Confecciónese un diccionario de trincheras que le ayude a no tener subidas de tensión. Algunos ejemplos de entradas: cuando dicen "tú flipas" quieren decir "creo que esa opción no va a ser posible"; cuando dicen "tú de qué vas" quieren decir "estudiaré tu propuesta"; cuando dicen "venga ya" quieren decir "dejemos esta conversación para otro momento"; cuando dicen "he suspendido cinco" quieren decir "en algunas materias no he obtenido los resultados apetecibles"; cuando dicen "yo voy con quien me da la gana" quieren decir "soy autónomo en la elección de mis compañías" y así sucesivamente.
Si cree que este decálogo es una patochada guárdelo celosamente y vuelva a abrirlo cuando sus hijos lleguen a la adolescencia. Si no los tiene y se le ha alterado el corazón leyéndolo olvídese de incluirlos en su hoja de ruta y cómprese un perro. Si los tiene y los está padeciendo actualmente consuélese con vídeos, álbumes y recuerdos varios que le remitan al pasado mientras con el estoicismo de un Buda espera tiempos mejores.
(Imagen: tomamimanored.blogspot.com)
Es un decálogo de oropel porque como dice el diccionario el oropel es "cosa de poco valor y de mucha apariencia" que es una buena definición para los consejos que se dan sin ser pedidos y que tienen buena voluntad pero poco más.
Y allá va:
1º Odian las preguntas obvias como por ejemplo "¿Qué? ¿Hace calor?" (cuando entran en casa sudando por cada pelo) o "¿Cómo ha ido el día?" (cuando llegan y tiran la mochila con asco). Evítelas y se ahorrará miradas de odio.
2º Odian las preguntas obvias sólo para ellos del tipo "¿Dónde vas?" "¿A qué hora vuelves?" "¿Con quién has estado?" Evitarlas no mejorará la relación pero ahorrará mentiras.
3º La pregunta "¿Tienes novia/o?" te incluye automáticamente en el club de los viejos entrometidos. Ensaye frente al espejo cómo tragársela cuando la tenga en la punta de la lengua.
4º Jamás pero jamás, jamás, le dé un beso en el perímetro de seguridad que rodee a su instituto, lugares de encuentro, locales favoritos de ocio, etc. (aproximadamente entre 300-1000 m. dependiendo de la susceptibilidad del adolescente en cuestión). Para evitar malentendidos evite si le es posible incluso el saludo.
5º La frase "Cuando yo tenía tu edad" es el camino más corto para que conecte el ipod, mp4 o similar. No crea por su cara de interés que le está escuchando. La practican varias horas al día en clase y la bordan.
6º Las comparaciones siempre son odiosas si es usted quien las hace y provocan en los adolescentes alteraciones neurológicas, sarpullidos, temblores, rictus faciales, tics incontrolables y, en ocasiones, demencia transitoria. Absténgase pues de "Tu primo ya está en la Universidad, fíjate", "El vecino del 3º se ha graduado con sobresaliente, ¿lo sabías?", etc.
7º Las comparaciones no sólo no son odiosas sino necesarias si son ellos quienes las hacen y provocan en los adultos alteraciones neurológicas, sarpullidos, temblores, rictus faciales, tics incontrolables y, en ocasiones, demencia transitoria. Prepárase pues a "Mi amigo vuelve a las cinco de la mañana", "La mitad de la clase ha suspendido más que yo", etc. Si no cree estar preparado consulte con su farmacéutico.
8º No intente elogiar su look, especialmente si está radicalmente alejado del suyo. Si usted, con traje y corbata o traje sastre, elogia sus pantalones caídos y sus bambas desabrochadas y pintarrajeadas cae inmediatamente en desgracia. Obsérvele con disimulo y no haga comentarios. En contra nunca pero a favor menos.
9º No intente confraternizar. Usted es el enemigo, no lo pierda de vista. Si cree tener algo en común con el adolescente en cuestión espere entre 5 y 10 años para decírselo.
10º Confecciónese un diccionario de trincheras que le ayude a no tener subidas de tensión. Algunos ejemplos de entradas: cuando dicen "tú flipas" quieren decir "creo que esa opción no va a ser posible"; cuando dicen "tú de qué vas" quieren decir "estudiaré tu propuesta"; cuando dicen "venga ya" quieren decir "dejemos esta conversación para otro momento"; cuando dicen "he suspendido cinco" quieren decir "en algunas materias no he obtenido los resultados apetecibles"; cuando dicen "yo voy con quien me da la gana" quieren decir "soy autónomo en la elección de mis compañías" y así sucesivamente.
Si cree que este decálogo es una patochada guárdelo celosamente y vuelva a abrirlo cuando sus hijos lleguen a la adolescencia. Si no los tiene y se le ha alterado el corazón leyéndolo olvídese de incluirlos en su hoja de ruta y cómprese un perro. Si los tiene y los está padeciendo actualmente consuélese con vídeos, álbumes y recuerdos varios que le remitan al pasado mientras con el estoicismo de un Buda espera tiempos mejores.
(Imagen: tomamimanored.blogspot.com)
sábado, 26 de febrero de 2011
Marco y su madre
En un puerto italiano
al pie de las montañas
vive nuestro amigo Marco
en una humilde morada.
Se levanta muy temprano
para ayudar a su buena mamá.
Pero un día la tristeza
llega hasta su corazón.
Mamá tiene que partir
cruzando el mar
a otro país.
Hasta aquí, bien. Pero, ¿"no te vayas mamá? ¿"no te alejes de mí"? ¿Debe la literatura perder la verosimilitud hasta ese punto? ¿Podemos imaginarnos un preadolescente que va a quedarse tan ricamente liberado del yugo materno preocupado por ello? Estas licencias que se toman los autores son de dudosa utilidad para fomentar el gusto por la lectura.
Vamos a suponer que un tal Marco pueda existir. Vamos a suponer que es un chico responsable que no intenta escaquearse de las labores de apoyo a la familia. Vamos a suponer que su madre se marcha y se queda en casa con su padre (de Rodríguez, ahí es nada) y con su hermano mayor (con ingresos independientes).
¿Cuál es la continuación más adecuada de la historia? ¿Sale el chico corriendo en pos de su madre o se organiza con el resto de los varones de la casa para disfrutar su recién estrenada libertad?
¡Pues resulta que el tal Marco inicia un viaje a otro continente para que su mamá vuelva a casa!
Pero vamos a ver, Marco, alma de cántaro, ¿tú crees que con tu madre cerca podrías aceptar ayuda de desconocidos, hacerte el interrail, montar en carro, llevar siempre la misma ropa, juntarte con gente de malvivir y sobre todo, Marco, podrías ir con un asqueroso mono encima sin lavarte las manos?
(Imagen: forodefotos.com)
al pie de las montañas
vive nuestro amigo Marco
en una humilde morada.
Se levanta muy temprano
para ayudar a su buena mamá.
Pero un día la tristeza
llega hasta su corazón.
Mamá tiene que partir
cruzando el mar
a otro país.
Hasta aquí, bien. Pero, ¿"no te vayas mamá? ¿"no te alejes de mí"? ¿Debe la literatura perder la verosimilitud hasta ese punto? ¿Podemos imaginarnos un preadolescente que va a quedarse tan ricamente liberado del yugo materno preocupado por ello? Estas licencias que se toman los autores son de dudosa utilidad para fomentar el gusto por la lectura.
Vamos a suponer que un tal Marco pueda existir. Vamos a suponer que es un chico responsable que no intenta escaquearse de las labores de apoyo a la familia. Vamos a suponer que su madre se marcha y se queda en casa con su padre (de Rodríguez, ahí es nada) y con su hermano mayor (con ingresos independientes).
¿Cuál es la continuación más adecuada de la historia? ¿Sale el chico corriendo en pos de su madre o se organiza con el resto de los varones de la casa para disfrutar su recién estrenada libertad?
¡Pues resulta que el tal Marco inicia un viaje a otro continente para que su mamá vuelva a casa!
Pero vamos a ver, Marco, alma de cántaro, ¿tú crees que con tu madre cerca podrías aceptar ayuda de desconocidos, hacerte el interrail, montar en carro, llevar siempre la misma ropa, juntarte con gente de malvivir y sobre todo, Marco, podrías ir con un asqueroso mono encima sin lavarte las manos?
(Imagen: forodefotos.com)
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