El coñac Fundador, que supongo que aún existe, se anunciaba hace años en la prensa y en la televisión con el eslogan que se ve en la imagen: "está como nunca".
Y por eso al personaje que hoy describo lo llamo así: "Fundador". Es ese ser que aunque lo veamos arrastrado, humillado, hundido, jamás reconocerá sus problemas. Sus derrotas, por más evidentes que sean a nuestros ojos, no existen. Su respuesta tipo al cómo estás siempre es: "Estoy como nunca".
Dentro de dicho personaje hay dos subtipos ya más difíciles de descubrir a simple vista: aquel que verdaderamente se lo cree y por lo tanto, engañándose a sí mismo es feliz y aquel que no se lo cree pero no reconocería su malestar ni bajo tortura. El primero puede ser, a su vez, de varios tipos: ingenuo, conformista, cegato, optimista, superviviente... El segundo también tiene variedades: orgulloso, resentido, desconfiado...
Todos tenemos, sin embargo, nuestra pequeña parcela de "Fundador". A veces nos cuesta reconocer los fracasos o los dolores a según quién y en según qué circunstancias. Nos ponemos suspicaces por si se alegran o nos hacemos los fuertes para sacar de la apariencia fortaleza. Es poner en práctica lo que decían nuestros abuelos: "Más vale que te tengan envidia que no lástima". Pero es una actitud pasajera si no es ése tu talante. Cuando menos te lo esperas el personaje se te viene abajo y te descubres lamentándote, quizá sin quererlo.
Nuestro auténtico "Fundador", aquel que se merece entrar en esta galería de personajes, es firme en sus respuestas, sin resquicios. Está como nunca, de primera, canela en rama... Que al andar deje un rastro de sangre no importa, siempre su vida será más y mejor que la nuestra. Que lo disfrute.
(Imagen: blog.adlo.es)
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domingo, 19 de junio de 2011
lunes, 11 de abril de 2011
Personajes (IV) Capitán Tan
Ah, qué aburrido, cargante, fatigoso, latoso, incómodo, insoportable, abrumador, engorroso, fastidioso, inaguantable, molesto, plasta, plomazo, plúmbeo y tedioso resulta este personaje.
El Capitán Tan de nuestra infancia aderezaba sus conversaciones con la famosa frase "En mis viajes por todo lo largo y ancho de este mundo" pero era entrañable porque nunca podía meter cucharada y se acomodaba a sus amigos y sus conversaciones.
Los insoportables Capitanes Tanes que nos rodean ni escuchan ni cejan en su empeño de hablarnos de sus aventuras viajeras.
Pero hay que ser exigentes y no conceder este preciado título únicamente a aquellos que cuenten sus viajes. El mundo se ha hecho pequeñito y quien más quien menos algo tiene que explicar.
No, nuestro personaje ha de cumplir unas condiciones indispensables como son:
1. Escoger sus destinos en función de que sus compañeros o amigos no los conozcan.
2. Huir desaforadamente de cruceros o viajes organizados que rebajen su estatus de viajero al escalón, siempre menospreciable, de turista.
3. Dejar los 1000 km. a la redonda de su domicilio exclusivamente para viajes de fin de semana.
4. Hacer fotografías en blanco y negro y/o diapositivas exclusivamente.
5. Seleccionar zonas de conflicto, depauperadas, azotadas por catástrofes naturales o de previsible riesgo inmediato como prioritarias.
6. Valorar adecuadamente los viajes realizados en función de los objetivos conseguidos: pérdida de maleta + diarrea + robo en el alojamiento= Bueno; pérdida de maleta + diarrea + robo en el alojamiento + golpe de estado + detención ilegal= Muy bueno; pérdida de maleta + diarrea + robo en el alojamiento + golpe de estado + detención ilegal + huracán, terremoto o tsunami + intento de secuestro= Excelente.
7. Poder superar el envite de cualquiera:
- He estado en la Patagonia. - Pues no te vi.
- Mirad estas fotos de Capadocia. - Yo viví allí seis meses.
- He ido con un grupo encantador. - Yo siempre viajo solo para empaparme del ambiente.
- Hemos estado muy a gusto. - He perdido diez kilos.
En fin, Capitán Tan, disfrute su viaje y su aventura pero ahórreme los detalles.
(Imagen: Maitena)
El Capitán Tan de nuestra infancia aderezaba sus conversaciones con la famosa frase "En mis viajes por todo lo largo y ancho de este mundo" pero era entrañable porque nunca podía meter cucharada y se acomodaba a sus amigos y sus conversaciones.
Los insoportables Capitanes Tanes que nos rodean ni escuchan ni cejan en su empeño de hablarnos de sus aventuras viajeras.
Pero hay que ser exigentes y no conceder este preciado título únicamente a aquellos que cuenten sus viajes. El mundo se ha hecho pequeñito y quien más quien menos algo tiene que explicar.
No, nuestro personaje ha de cumplir unas condiciones indispensables como son:
1. Escoger sus destinos en función de que sus compañeros o amigos no los conozcan.
2. Huir desaforadamente de cruceros o viajes organizados que rebajen su estatus de viajero al escalón, siempre menospreciable, de turista.
3. Dejar los 1000 km. a la redonda de su domicilio exclusivamente para viajes de fin de semana.
4. Hacer fotografías en blanco y negro y/o diapositivas exclusivamente.
5. Seleccionar zonas de conflicto, depauperadas, azotadas por catástrofes naturales o de previsible riesgo inmediato como prioritarias.
6. Valorar adecuadamente los viajes realizados en función de los objetivos conseguidos: pérdida de maleta + diarrea + robo en el alojamiento= Bueno; pérdida de maleta + diarrea + robo en el alojamiento + golpe de estado + detención ilegal= Muy bueno; pérdida de maleta + diarrea + robo en el alojamiento + golpe de estado + detención ilegal + huracán, terremoto o tsunami + intento de secuestro= Excelente.
7. Poder superar el envite de cualquiera:
- He estado en la Patagonia. - Pues no te vi.
- Mirad estas fotos de Capadocia. - Yo viví allí seis meses.
- He ido con un grupo encantador. - Yo siempre viajo solo para empaparme del ambiente.
- Hemos estado muy a gusto. - He perdido diez kilos.
En fin, Capitán Tan, disfrute su viaje y su aventura pero ahórreme los detalles.
(Imagen: Maitena)
sábado, 19 de marzo de 2011
Personajes (III) Papa dicit
Ay, qué difícil es vivir teniendo a algún "Papa dicit" cerca.
Situémonos. ¿Quién es un "Papa dicit"? Si traducimos directamente del latín: "El Papa dice". Ahora ya nos podemos hacer una idea.
Es una de esas personas que hablan y necesitan paralizar al personal. A diferencia de los Maestro Liendres su tono es mayestático, profundo. No se rebajan a temas intrascendentes. Esperan el silencio y si no es así, no continúan. No es que rebatan las opiniones ajenas, es que ni siquiera las tienen en cuenta. Hablan siempre desde un púlpito, tarima, estrado virtual o lo que sea que les ponga por encima de los demás. Elevan la voz pero con eco. Se escuchan, toman notas de lo que ellos mismos dicen (debe ser para citarse posteriormente).
Su sapiencia debe dejarnos boquiabiertos. Debemos rendirnos a su elocuencia. Si alguien quiere rebajar el tono, se enfadan y son capaces de levantarse y dejarlos con la palabra en la boca.
Si en la vida personal son molestos en la profesional son insufribles. Monopolizan las reuniones, alargan las intervenciones, las caracolean. Son capaces de decir lo mismo que tú acabas de decir pero haciéndote ver que tú no lo has dicho. Huyen de las intervenciones únicas como de la peste: siempre empiezan avisando (¿o será amenazando?) de que van a tratar diversos puntos.
En fin, personalizan la infalibilidad y la condescendencia hacia los pequeños seres que los rodeamos y que somos agraciados con su presencia.
Como decía Serrat en una maravillosa canción con mejor destinatario: "Dios y mi canto saben a quién nombro tanto" (Menos mal que no lee este blog).
(Imagen: Maitena)
Situémonos. ¿Quién es un "Papa dicit"? Si traducimos directamente del latín: "El Papa dice". Ahora ya nos podemos hacer una idea.
Es una de esas personas que hablan y necesitan paralizar al personal. A diferencia de los Maestro Liendres su tono es mayestático, profundo. No se rebajan a temas intrascendentes. Esperan el silencio y si no es así, no continúan. No es que rebatan las opiniones ajenas, es que ni siquiera las tienen en cuenta. Hablan siempre desde un púlpito, tarima, estrado virtual o lo que sea que les ponga por encima de los demás. Elevan la voz pero con eco. Se escuchan, toman notas de lo que ellos mismos dicen (debe ser para citarse posteriormente).
Su sapiencia debe dejarnos boquiabiertos. Debemos rendirnos a su elocuencia. Si alguien quiere rebajar el tono, se enfadan y son capaces de levantarse y dejarlos con la palabra en la boca.
Si en la vida personal son molestos en la profesional son insufribles. Monopolizan las reuniones, alargan las intervenciones, las caracolean. Son capaces de decir lo mismo que tú acabas de decir pero haciéndote ver que tú no lo has dicho. Huyen de las intervenciones únicas como de la peste: siempre empiezan avisando (¿o será amenazando?) de que van a tratar diversos puntos.
En fin, personalizan la infalibilidad y la condescendencia hacia los pequeños seres que los rodeamos y que somos agraciados con su presencia.
Como decía Serrat en una maravillosa canción con mejor destinatario: "Dios y mi canto saben a quién nombro tanto" (Menos mal que no lee este blog).
(Imagen: Maitena)
viernes, 25 de febrero de 2011
Personajes (II) Don Quintín, el amargao
He aquí una de las categorías de más difícil acceso.
No cualquiera puede aspirar a ser un Don Quintín, el amargao. Se requiere mucha práctica, muchos años de experiencia en respuestas rápidas y certeras y mucha dosis de mala uva.
Para ser un auténtico amargao no basta con tener mala cara por la mañana (todos nos miramos al espejo los lunes, ¿verdad?), no basta con tener un mal día y verlo todo negro, no basta con soltarle una puyita a ése de ahí con el cual hoy no tenemos paciencia.
No, ser amargao es un estilo, un objetivo personal, una visión del mundo. Es un todo, es un rasgo y un estado, es una manera de vivir.
El protocolo de detección de un Don Quintín, el amargao debe ser riguroso aunque si la piel se nos eriza cuando estamos al lado de alguien que nos parece que lo es nos dejaremos de protocolos y confirmaremos que hemos encontrado un ejemplar auténtico.
Pero si hay dudas, el protocolo fija que debe ser así en todo momento y con todo el mundo y que no debe dejar resquicio al optimismo ni a la esperanza por más que las cosas vayan a mejor. Sus opiniones y comentarios deben oscilar entre lo negativo y lo muy negativo, sea para asuntos propios o ajenos. No debe entrar en la broma ni en quitarle hierro a nada: juzga que quien eso hace es un inconsciente o un ignorante.
Veamos.
Llegamos por la mañana al trabajo y decimos "Buenos días". Su respuesta: "Ya me lo dirás dentro de un rato".
Comentamos en una pausa del trabajo "Tengo un pinchacito aquí en este lado". Su respuesta: "Así empezó un amigo mío, que en paz descanse."
Alguien enseña a su bebé y todos comentan qué mono es. Su respuesta: "Ya crecerá".
Reunión familiar donde se comenta "Parece que el chico no va a suspender tantas". Su respuesta: "Con una que suspenda, va listo".
Sobre la situación económica: "No hay esperanza".
Sobre las revueltas en los países árabes: "Vamos hacia una 3ª Guerra Mundial".
Sobre ecología: "En 20 años no podremos vivir en el planeta".
Sobre las relaciones sociales: "No se puede confiar en nadie".
Sobre la familia: "No trae más que problemas".
Sobre los medios de comunicación: "No hay uno que se salve".
Sobre el trabajo: "Saca lo peor de cada uno".
Sobre las vacaciones: "A los tres días ya te está estorbando todo".
Sobre la música: "Ya no hay canciones como las de antes".
Sobre literatura: "Sólo publican los cuatro taraos de siempre".
Sobre el cine: "Las películas de ahora o dan grima o dan pena".
Y así hasta el infinito.
No admite objeciones del tipo: anímate, ya cambiarán las cosas, tú crees que de verdad podemos ir a peor, sonríe, vamos a tomar algo y nos despejamos, siempre hay cosas por las cuales alegrarte, no será para tanto... Nos mira fijamente y nos tacha de su lista de personas juiciosas que, evidentemente, son amargaos como él.
Ahora los llaman distímicos. ¡Qué ganas de cambiarle el nombre a las cosas!
(Imagen: Maitena)
No cualquiera puede aspirar a ser un Don Quintín, el amargao. Se requiere mucha práctica, muchos años de experiencia en respuestas rápidas y certeras y mucha dosis de mala uva.
Para ser un auténtico amargao no basta con tener mala cara por la mañana (todos nos miramos al espejo los lunes, ¿verdad?), no basta con tener un mal día y verlo todo negro, no basta con soltarle una puyita a ése de ahí con el cual hoy no tenemos paciencia.
No, ser amargao es un estilo, un objetivo personal, una visión del mundo. Es un todo, es un rasgo y un estado, es una manera de vivir.
El protocolo de detección de un Don Quintín, el amargao debe ser riguroso aunque si la piel se nos eriza cuando estamos al lado de alguien que nos parece que lo es nos dejaremos de protocolos y confirmaremos que hemos encontrado un ejemplar auténtico.
Pero si hay dudas, el protocolo fija que debe ser así en todo momento y con todo el mundo y que no debe dejar resquicio al optimismo ni a la esperanza por más que las cosas vayan a mejor. Sus opiniones y comentarios deben oscilar entre lo negativo y lo muy negativo, sea para asuntos propios o ajenos. No debe entrar en la broma ni en quitarle hierro a nada: juzga que quien eso hace es un inconsciente o un ignorante.
Veamos.
Llegamos por la mañana al trabajo y decimos "Buenos días". Su respuesta: "Ya me lo dirás dentro de un rato".
Comentamos en una pausa del trabajo "Tengo un pinchacito aquí en este lado". Su respuesta: "Así empezó un amigo mío, que en paz descanse."
Alguien enseña a su bebé y todos comentan qué mono es. Su respuesta: "Ya crecerá".
Reunión familiar donde se comenta "Parece que el chico no va a suspender tantas". Su respuesta: "Con una que suspenda, va listo".
Sobre la situación económica: "No hay esperanza".
Sobre las revueltas en los países árabes: "Vamos hacia una 3ª Guerra Mundial".
Sobre ecología: "En 20 años no podremos vivir en el planeta".
Sobre las relaciones sociales: "No se puede confiar en nadie".
Sobre la familia: "No trae más que problemas".
Sobre los medios de comunicación: "No hay uno que se salve".
Sobre el trabajo: "Saca lo peor de cada uno".
Sobre las vacaciones: "A los tres días ya te está estorbando todo".
Sobre la música: "Ya no hay canciones como las de antes".
Sobre literatura: "Sólo publican los cuatro taraos de siempre".
Sobre el cine: "Las películas de ahora o dan grima o dan pena".
Y así hasta el infinito.
No admite objeciones del tipo: anímate, ya cambiarán las cosas, tú crees que de verdad podemos ir a peor, sonríe, vamos a tomar algo y nos despejamos, siempre hay cosas por las cuales alegrarte, no será para tanto... Nos mira fijamente y nos tacha de su lista de personas juiciosas que, evidentemente, son amargaos como él.
Ahora los llaman distímicos. ¡Qué ganas de cambiarle el nombre a las cosas!
(Imagen: Maitena)
sábado, 19 de febrero de 2011
Personajes (I) El maestro Liendre
Maestro Liendre: dícese de quien de todo sabe y de nada entiende.
Hagamos memoria sin esforzarnos mucho: todos nosotros conocemos un montón de ellos.
Los encontramos entre nuestros compañeros de trabajo, nuestros conocidos y nuestros familiares más o menos cercanos. Menos peligrosos -por el contacto puntual- pero no por ello menos importantes son aquellos con los cuales coincidimos en la consulta del médico, en la cola de una ventanilla o, clásico entre clásicos, cuando nos subimos a un taxi.
Podemos ser expertos en la biodiversidad del caracol marino, en decoración isabelina o en cine bosnio-herzegovino: nuestro maestro Liendre siempre tendrá una información que nos falta, habrá leído un artículo novedoso o nos hará un resumen de la situación concluyendo con un "no te engañes".
Tienen una opinión formada en empresa, empleo, educación, salud, relaciones sociales, política exterior e interior, terrorismo de cualquier signo, futuro del planeta, ahorro energético, fútbol, toros, moda, literatura, música, inmigración... Dicha opinión no está sujeta a cambios ya que ha llegado a conclusiones definitivas que no entiende cómo no se le demandan desde los distintos ámbitos.
Los hay de toda condición social, los hay entre los ignorantes pero también entre los expertos reputados. Los hay reconocidos como maestros Liendre pero, curiosamente, hay otros que son escuchados con arrobo y veneración.
Su conversación, o más bien su monólogo, nos produce, en éste o cualquier otro orden: aburrimiento, perplejidad, asombro, miedo, vergüenza ajena, pena, agobio y desesperación.
La huida ante ellos es difícil: aterrizan en conversaciones ajenas, se acercan mucho invadiendo tu espacio, acomodan su paso al tuyo.
A menos que seamos expertos en independencia emocional (no saquemos este tema, que él o ella también lo serán) nos pueden arruinar el día... o la semana.
(Imagen: Maitena)
Hagamos memoria sin esforzarnos mucho: todos nosotros conocemos un montón de ellos.
Los encontramos entre nuestros compañeros de trabajo, nuestros conocidos y nuestros familiares más o menos cercanos. Menos peligrosos -por el contacto puntual- pero no por ello menos importantes son aquellos con los cuales coincidimos en la consulta del médico, en la cola de una ventanilla o, clásico entre clásicos, cuando nos subimos a un taxi.
Podemos ser expertos en la biodiversidad del caracol marino, en decoración isabelina o en cine bosnio-herzegovino: nuestro maestro Liendre siempre tendrá una información que nos falta, habrá leído un artículo novedoso o nos hará un resumen de la situación concluyendo con un "no te engañes".
Tienen una opinión formada en empresa, empleo, educación, salud, relaciones sociales, política exterior e interior, terrorismo de cualquier signo, futuro del planeta, ahorro energético, fútbol, toros, moda, literatura, música, inmigración... Dicha opinión no está sujeta a cambios ya que ha llegado a conclusiones definitivas que no entiende cómo no se le demandan desde los distintos ámbitos.
Los hay de toda condición social, los hay entre los ignorantes pero también entre los expertos reputados. Los hay reconocidos como maestros Liendre pero, curiosamente, hay otros que son escuchados con arrobo y veneración.
Su conversación, o más bien su monólogo, nos produce, en éste o cualquier otro orden: aburrimiento, perplejidad, asombro, miedo, vergüenza ajena, pena, agobio y desesperación.
La huida ante ellos es difícil: aterrizan en conversaciones ajenas, se acercan mucho invadiendo tu espacio, acomodan su paso al tuyo.
A menos que seamos expertos en independencia emocional (no saquemos este tema, que él o ella también lo serán) nos pueden arruinar el día... o la semana.
(Imagen: Maitena)
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