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martes, 30 de agosto de 2011

La sangre con letra entra

Hace unos días me acabé esta camiseta de patchwork  El motivo, una fantástica hada, enseñaba con glamour su lección en una pizarra.

Estuve unos días, mientras festoneaba las diferentes telas, pensando en cuál sería esa lección que me gustaría mostrar al lucir mi camiseta.
Y, de repente, se me encendió una lucecita. ¿Qué frase había marcado toda una época en la educación, había arruinado la ilusión de muchos por aprender y de no pocos por enseñar?: "La letra con sangre entra".
Y por eso la lección debía ser clara: "La sangre con letra entra".
Porque lo que yo quiero reivindicar, mostrar, propagar, difundir, compartir... es que es la letra -el saber, la lectura, el aprendizaje, la enseñanza,el modelaje- la que hace la sangre -hace crecer, desarrolla, hace persona, amplía la mente y los horizontes, da fuerza y valor, templanza ante el destino y consuelo ante la adversidad-.

Esta entrada está dedicada a todos aquellos. maestr@s, profesor@s, padres y madres, amig@s, consejer@s... que confían en que lo que enseñan con paciencia y amor dé sus frutos en forma de vidas mejores, más justas y más felices. A pesar de las dificultades, a pesar del desconsuelo de muchos momentos.

(Imagen: fotografia personal)

jueves, 17 de febrero de 2011

Una imagen vale más que mil palabras

Pero como se trata de emplear las palabras, allá van.
La señora y el señor -presumiblemente pareja- que aparecen a la izquierda se muestran preocupados e intranquilos por la conducta de su pequeño vástago -presumiblemente primogénito-. No queriendo incurrir en los errores educativos -presumiblemente cometidos por desconocimiento- que sufrieron en sus propias carnes deliberan y llegan a la conclusión de que deben acudir a la consulta de un reputado psicólogo infantil -el señor Povedilla, presumiblemente-, que aparece a la derecha de la imagen.
Una vez allí, y acompañados por el pequeño -presumiblemente psicópata- manifiestan su honda preocupación y demandan su consejo -presumiblemente, previo pago-.
El especialista evalúa la situación: hace una anamnesis cuidadosa, consulta el vademecum y los precedentes -presumiblemente no es un caso aislado- y una vez concluida su detenida exploración concluye que ha de quitársele el martillo sin más dilación.
El progenitor, conmocionado ante el consejo -presumiblemente sabio- recuerda, entre la neblina en la que se encuentra su cerebro desde que es padre, la responsabilidad asumida -presumiblemente con conocimiento de causa- y se plantea si este acto podría tener consecuencias nefastas en el futuro desarrollo de su hijo. La palabra trauma, como un luminoso urbano, se enciende en su mente y pregunta atribulado si la retirada brusca de la herramienta contundente no será una solución excesivamente drástica.
Y he aquí que nuestro dr. Povedilla, con el buen criterio que le asiste, responde: "No, tontolhaba, no", frase en la cual la palabra "tontolhaba" corresponde a otro de sus certeros diagnósticos que le han valido la merecida reputación de la que goza.
Conclusión: "Más vale reír que llorar" (presumiblemente).

(Imagen: Forges)