Ay, qué difícil es vivir teniendo a algún "Papa dicit" cerca.
Situémonos. ¿Quién es un "Papa dicit"? Si traducimos directamente del latín: "El Papa dice". Ahora ya nos podemos hacer una idea.
Es una de esas personas que hablan y necesitan paralizar al personal. A diferencia de los Maestro Liendres su tono es mayestático, profundo. No se rebajan a temas intrascendentes. Esperan el silencio y si no es así, no continúan. No es que rebatan las opiniones ajenas, es que ni siquiera las tienen en cuenta. Hablan siempre desde un púlpito, tarima, estrado virtual o lo que sea que les ponga por encima de los demás. Elevan la voz pero con eco. Se escuchan, toman notas de lo que ellos mismos dicen (debe ser para citarse posteriormente).
Su sapiencia debe dejarnos boquiabiertos. Debemos rendirnos a su elocuencia. Si alguien quiere rebajar el tono, se enfadan y son capaces de levantarse y dejarlos con la palabra en la boca.
Si en la vida personal son molestos en la profesional son insufribles. Monopolizan las reuniones, alargan las intervenciones, las caracolean. Son capaces de decir lo mismo que tú acabas de decir pero haciéndote ver que tú no lo has dicho. Huyen de las intervenciones únicas como de la peste: siempre empiezan avisando (¿o será amenazando?) de que van a tratar diversos puntos.
En fin, personalizan la infalibilidad y la condescendencia hacia los pequeños seres que los rodeamos y que somos agraciados con su presencia.
Como decía Serrat en una maravillosa canción con mejor destinatario: "Dios y mi canto saben a quién nombro tanto" (Menos mal que no lee este blog).
(Imagen: Maitena)
sábado, 19 de marzo de 2011
lunes, 14 de marzo de 2011
La barandilla en los balcones (I)
Dice Núria Espert que para ella la lectura es como la barandilla en los balcones. Si tuviera que poner un lema en mi escudo de familia (que no tengo. Escudo, familia sí) sería éste.
La barandilla en los balcones: imprescindible, quita el vértigo, evita la caída, nos amplía el horizonte... Todo eso y más está en la lectura. Un día sin leer es un día perdido.
Así que hoy voy a inaugurar unas entradas que, de vez en cuando, sirvan para compartir mis lecturas. No, tranquilidad, no voy a recomendar libros ni a hacer reseñas que para eso ya hay sesudas páginas y voces más autorizadas.
La idea es más modesta: compartir en este blog mi diario de lecturas. Cuando acabo un libro, junto con algún comentario breve sobre lo que me ha parecido, anoto frases que me han llamado la atención. Sin criterio fijo: las hay humorísticas, tiernas, reflexivas, de las que te tocan el corazón, de las que te recuerdan tu lugar en el mundo, desoladoras, esperanzadoras... un poco de todo.
Algunas de ellas pertenecen, curiosamente, a libros infumables que me acabé de leer por cabezonería -soy una lectora cabezona- pero que no valen ni el precio del papel en el que están escritos. Aún así, y aquí está lo mágico, incluso en esos libros hay a veces un destello especial, unas palabras que pellizcan y que merecen el indulto. Otras, por supuesto, pertenecen a obras maestras que quedarán para siempre en la memoria de quien las haya leído.
Hecha esta laaaarga introducción queda inaugurada la sección "La barandilla en los balcones".
Los sufrimientos del amor son como los de las muelas. Intensos, pero nunca graves.
Sólo la gente mediocre se enorgullece de lo que no le gusta.
Sin embargo, las cosas que se olvidan no se pierden del todo. Van a parar a algún lugar, a alguna rendija de la memoria, y allí se quedan, dormidas, pero no muertas. Y, naturalmente, pueden despertarse.
Desgraciado es quien no repara en la malicia de los demás.
(Obabakoak. Bernardo Atxaga)
Ahora, he de ir a ver a mi psiquiatra. Me obligan a ir. Invento cosas que decirle. Ignoro lo que pensará de mí. ¡Dice que soy una cebolla muy original! Le tengo ocupado pelando capa tras capa.
Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enséñale sólo uno.
Eso es lo bueno de estar moribundo. Cuando no se tiene nada que perder, pueden correrse todos los riesgos.
(Fahrenheit 451. Ray Bradbury)
No se debe mantener la mente del niño en barbecho ni un sólo momento.
He buscado la felicidad por todas partes -confesaba Tomás de Kempis a principios del siglo XV-, pero no la he encontrado en ningún sitio excepto en un rincón, y en compañía de un pequeño libro.
Virginia Wolf: El Todopoderoso se volverá hacia Pedro y dirá, no sin cierta envidia, cuando nos vea venir con nuestros libros bajo el brazo: "Mira, ésos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles. Les gustaba leer".
(Una historia de la lectura. Alberto Manguel)
(Imagen: maraton.leer.org)
La barandilla en los balcones: imprescindible, quita el vértigo, evita la caída, nos amplía el horizonte... Todo eso y más está en la lectura. Un día sin leer es un día perdido.
Así que hoy voy a inaugurar unas entradas que, de vez en cuando, sirvan para compartir mis lecturas. No, tranquilidad, no voy a recomendar libros ni a hacer reseñas que para eso ya hay sesudas páginas y voces más autorizadas.
La idea es más modesta: compartir en este blog mi diario de lecturas. Cuando acabo un libro, junto con algún comentario breve sobre lo que me ha parecido, anoto frases que me han llamado la atención. Sin criterio fijo: las hay humorísticas, tiernas, reflexivas, de las que te tocan el corazón, de las que te recuerdan tu lugar en el mundo, desoladoras, esperanzadoras... un poco de todo.
Algunas de ellas pertenecen, curiosamente, a libros infumables que me acabé de leer por cabezonería -soy una lectora cabezona- pero que no valen ni el precio del papel en el que están escritos. Aún así, y aquí está lo mágico, incluso en esos libros hay a veces un destello especial, unas palabras que pellizcan y que merecen el indulto. Otras, por supuesto, pertenecen a obras maestras que quedarán para siempre en la memoria de quien las haya leído.
Hecha esta laaaarga introducción queda inaugurada la sección "La barandilla en los balcones".
Los sufrimientos del amor son como los de las muelas. Intensos, pero nunca graves.
Sólo la gente mediocre se enorgullece de lo que no le gusta.
Sin embargo, las cosas que se olvidan no se pierden del todo. Van a parar a algún lugar, a alguna rendija de la memoria, y allí se quedan, dormidas, pero no muertas. Y, naturalmente, pueden despertarse.
Desgraciado es quien no repara en la malicia de los demás.
(Obabakoak. Bernardo Atxaga)
Ahora, he de ir a ver a mi psiquiatra. Me obligan a ir. Invento cosas que decirle. Ignoro lo que pensará de mí. ¡Dice que soy una cebolla muy original! Le tengo ocupado pelando capa tras capa.
Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión, para preocuparle; enséñale sólo uno.
Eso es lo bueno de estar moribundo. Cuando no se tiene nada que perder, pueden correrse todos los riesgos.
(Fahrenheit 451. Ray Bradbury)
No se debe mantener la mente del niño en barbecho ni un sólo momento.
He buscado la felicidad por todas partes -confesaba Tomás de Kempis a principios del siglo XV-, pero no la he encontrado en ningún sitio excepto en un rincón, y en compañía de un pequeño libro.
Virginia Wolf: El Todopoderoso se volverá hacia Pedro y dirá, no sin cierta envidia, cuando nos vea venir con nuestros libros bajo el brazo: "Mira, ésos no necesitan recompensa. No tenemos nada que darles. Les gustaba leer".
(Una historia de la lectura. Alberto Manguel)
(Imagen: maraton.leer.org)
jueves, 10 de marzo de 2011
Una preocupación menos
Me dice un amigo, con muy buen criterio, que mi blog es muy pesimista. Así que hoy voy a escribir desde el optimismo, desde la liberación, desde el desahogo, desde el rayo de luz que ha entrado en mi corazón.
Desde que era chiquitita una de mis obsesiones era el pelo. Mi madre me hacía trenzas pero a veces decidía dejármelo suelto y aquella cabeza leonina era insufrible.
Cuando llegué a la adolescencia mi modelo era la chica de Coca-Cola ("Esa chica morena, que acabas de conocer, tiene un aire distinto, el de su sencillez...) pero eso implicaba "toga" hacia la izquierda, "toga" hacia la derecha, para acabar pareciendo que llevaba un casco, liso, pero casco. Sin contar conque el novio tenía que esperarse dos horas en el sofá dándole conversación a la mamá mientras la "toga" surtía su dudoso efecto.
Luego llegó la permanente. Al principio, bien. Pero, claro, cuando el pelo crecía, la cabeza cogía un aspecto de "tejadillo" nada favorecedor.
La madurez me trajo el furor investigador. Aparatos: braun silencio, lissima, cepillos con calor... Productos: alisadores, rizadores, sérums, voluminizadores (ahora sí se trataba de tener la cabeza leonina), mascarillas varias...
Todo esto lo he llevado como he podido. Con resignación, con paciencia, con desespero, con angustia. Mi entorno me soportaba, me daba la razón, me consolaba cuando venía de la peluquería, me apoyaba en mis experimentos varios... Pero en mi fuero interno yo intuía que era una enferma, que mi obsesión me hacía tristemente diferente a las demás mujeres.
Pero todo cambió el día en que me compré una plancha para el pelo (Steinhart, fabricada en Hospitalet para más señas) y leí el folleto de instrucciones. Ahí vi la luz. Yo era, soy, normal (bueno, al menos en este aspecto). TODAS las mujeres del mundo se preocupan por el pelo y, lo que es mejor, algunas llevan su obsesión hasta extremos en los cuales yo aún no había caído. Todo el mundo lo sabe, lo acepta y los fabricantes se curan en salud.
Leed el punto 7 del folleto de instrucciones y lo entenderéis.
(Imagen: fotografía propia)
Desde que era chiquitita una de mis obsesiones era el pelo. Mi madre me hacía trenzas pero a veces decidía dejármelo suelto y aquella cabeza leonina era insufrible.
Cuando llegué a la adolescencia mi modelo era la chica de Coca-Cola ("Esa chica morena, que acabas de conocer, tiene un aire distinto, el de su sencillez...) pero eso implicaba "toga" hacia la izquierda, "toga" hacia la derecha, para acabar pareciendo que llevaba un casco, liso, pero casco. Sin contar conque el novio tenía que esperarse dos horas en el sofá dándole conversación a la mamá mientras la "toga" surtía su dudoso efecto.
Luego llegó la permanente. Al principio, bien. Pero, claro, cuando el pelo crecía, la cabeza cogía un aspecto de "tejadillo" nada favorecedor.
La madurez me trajo el furor investigador. Aparatos: braun silencio, lissima, cepillos con calor... Productos: alisadores, rizadores, sérums, voluminizadores (ahora sí se trataba de tener la cabeza leonina), mascarillas varias...
Todo esto lo he llevado como he podido. Con resignación, con paciencia, con desespero, con angustia. Mi entorno me soportaba, me daba la razón, me consolaba cuando venía de la peluquería, me apoyaba en mis experimentos varios... Pero en mi fuero interno yo intuía que era una enferma, que mi obsesión me hacía tristemente diferente a las demás mujeres.
Pero todo cambió el día en que me compré una plancha para el pelo (Steinhart, fabricada en Hospitalet para más señas) y leí el folleto de instrucciones. Ahí vi la luz. Yo era, soy, normal (bueno, al menos en este aspecto). TODAS las mujeres del mundo se preocupan por el pelo y, lo que es mejor, algunas llevan su obsesión hasta extremos en los cuales yo aún no había caído. Todo el mundo lo sabe, lo acepta y los fabricantes se curan en salud.
Leed el punto 7 del folleto de instrucciones y lo entenderéis.
(Imagen: fotografía propia)
jueves, 3 de marzo de 2011
El túnel
Afuera está esperando la primavera. O eso dicen.
Pero el túnel es a veces el sitio donde quedarse.
Lo que nos espera no puede con lo que tenemos. El futuro no nos consuela del presente. El pasado no nos consuela del presente.Las promesas no nos consuelan del presente. Los sueños no nos consuelan de la vida.
Quizá si nos quedamos quietos, callados... quizá si no nos movemos no nos duela. Regalamos lo bueno por no vivir lo malo.
Un poco de tiempo y un poco de oscuridad y mañana saldremos afuera y haremos como si habláramos, como si trabajáramos, como si riéramos. Haremos ver que vivimos y convivimos. Haremos bromas, ofreceremos buena cara, comentaremos las noticias, criticaremos a los vecinos, haremos planes para mañana y para el año que viene, daremos consejos y los aceptaremos, daremos abrazos y pondremos pegas. Intentaremos huir del túnel hasta la próxima vez.
Pero el túnel es a veces el sitio donde quedarse.
Lo que nos espera no puede con lo que tenemos. El futuro no nos consuela del presente. El pasado no nos consuela del presente.Las promesas no nos consuelan del presente. Los sueños no nos consuelan de la vida.
Quizá si nos quedamos quietos, callados... quizá si no nos movemos no nos duela. Regalamos lo bueno por no vivir lo malo.
Un poco de tiempo y un poco de oscuridad y mañana saldremos afuera y haremos como si habláramos, como si trabajáramos, como si riéramos. Haremos ver que vivimos y convivimos. Haremos bromas, ofreceremos buena cara, comentaremos las noticias, criticaremos a los vecinos, haremos planes para mañana y para el año que viene, daremos consejos y los aceptaremos, daremos abrazos y pondremos pegas. Intentaremos huir del túnel hasta la próxima vez.
martes, 1 de marzo de 2011
Dra. Ikea, dígame
Ikea es una tienda de muebles, menaje y decoración. Digo esto por si alguien me lee en un poblado del África Central.
Ikea es moderna. Ikea es multicultural. Ikea es joven. Ikea es asequible. Ikea es ecológica.
Pero por encima de todo Ikea funciona como gurú, psicoterapeuta, psicóloga o cualquier otra profesión que pueda ayudarte en tu camino vital.
¿Un divorcio? ¿Un despido? ¿Un partir peras? ¿Independencia? ¿Vuelta a la dependencia? REDECORA TU VIDA... y a otra cosa, mariposa.
¿Baja autoestima? ¿Indefinición personal? ¿Angustia vital? DORMITORIOS COMO TÚ: frescos, grandes, amplios, divertidos, elegantes, personalizados... escoge el adjetivo y aplícatelo.
¿Cambios de estado? ¿Inicio de convivencia? ¿Reagrupamiento familiar? DONDE CABEN DOS CABEN TRES... si se hace sitio.
¿Estado de ánimo fluctuante? ¿Carácter imprevisible? ¿Desorden? ¿Caos vital? ¿Estilos educativos permisivos? BIENVENIDOS A LA REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE MI CASA... y al que no le guste que no mire.
¿Crisis? ¿Inflación? ¿Paro? ¿Pérdida de poder adquisitivo? ¿Apretamiento de cinturón? NO ES MÁS RICO EL QUE MÁS TIENE SINO EL QUE MENOS NECESITA.
Claro que el último vídeo que acompaña a este consejo éxitoso no lo creo muy acertado. Llamarle menos a lo que todas esas personas parecen conseguir no es lo más adecuado. ¡Quién puede poner cara de coronar un ochomil y aceptar que eso es lo menos que necesitas!
(Imagen: http://www.youtube.com/watch?v=TRMToPrkJro)
Ikea es moderna. Ikea es multicultural. Ikea es joven. Ikea es asequible. Ikea es ecológica.
Pero por encima de todo Ikea funciona como gurú, psicoterapeuta, psicóloga o cualquier otra profesión que pueda ayudarte en tu camino vital.
¿Un divorcio? ¿Un despido? ¿Un partir peras? ¿Independencia? ¿Vuelta a la dependencia? REDECORA TU VIDA... y a otra cosa, mariposa.
¿Baja autoestima? ¿Indefinición personal? ¿Angustia vital? DORMITORIOS COMO TÚ: frescos, grandes, amplios, divertidos, elegantes, personalizados... escoge el adjetivo y aplícatelo.
¿Cambios de estado? ¿Inicio de convivencia? ¿Reagrupamiento familiar? DONDE CABEN DOS CABEN TRES... si se hace sitio.
¿Estado de ánimo fluctuante? ¿Carácter imprevisible? ¿Desorden? ¿Caos vital? ¿Estilos educativos permisivos? BIENVENIDOS A LA REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE MI CASA... y al que no le guste que no mire.
¿Crisis? ¿Inflación? ¿Paro? ¿Pérdida de poder adquisitivo? ¿Apretamiento de cinturón? NO ES MÁS RICO EL QUE MÁS TIENE SINO EL QUE MENOS NECESITA.
Claro que el último vídeo que acompaña a este consejo éxitoso no lo creo muy acertado. Llamarle menos a lo que todas esas personas parecen conseguir no es lo más adecuado. ¡Quién puede poner cara de coronar un ochomil y aceptar que eso es lo menos que necesitas!
(Imagen: http://www.youtube.com/watch?v=TRMToPrkJro)
sábado, 26 de febrero de 2011
Marco y su madre
En un puerto italiano
al pie de las montañas
vive nuestro amigo Marco
en una humilde morada.
Se levanta muy temprano
para ayudar a su buena mamá.
Pero un día la tristeza
llega hasta su corazón.
Mamá tiene que partir
cruzando el mar
a otro país.
Hasta aquí, bien. Pero, ¿"no te vayas mamá? ¿"no te alejes de mí"? ¿Debe la literatura perder la verosimilitud hasta ese punto? ¿Podemos imaginarnos un preadolescente que va a quedarse tan ricamente liberado del yugo materno preocupado por ello? Estas licencias que se toman los autores son de dudosa utilidad para fomentar el gusto por la lectura.
Vamos a suponer que un tal Marco pueda existir. Vamos a suponer que es un chico responsable que no intenta escaquearse de las labores de apoyo a la familia. Vamos a suponer que su madre se marcha y se queda en casa con su padre (de Rodríguez, ahí es nada) y con su hermano mayor (con ingresos independientes).
¿Cuál es la continuación más adecuada de la historia? ¿Sale el chico corriendo en pos de su madre o se organiza con el resto de los varones de la casa para disfrutar su recién estrenada libertad?
¡Pues resulta que el tal Marco inicia un viaje a otro continente para que su mamá vuelva a casa!
Pero vamos a ver, Marco, alma de cántaro, ¿tú crees que con tu madre cerca podrías aceptar ayuda de desconocidos, hacerte el interrail, montar en carro, llevar siempre la misma ropa, juntarte con gente de malvivir y sobre todo, Marco, podrías ir con un asqueroso mono encima sin lavarte las manos?
(Imagen: forodefotos.com)
al pie de las montañas
vive nuestro amigo Marco
en una humilde morada.
Se levanta muy temprano
para ayudar a su buena mamá.
Pero un día la tristeza
llega hasta su corazón.
Mamá tiene que partir
cruzando el mar
a otro país.
Hasta aquí, bien. Pero, ¿"no te vayas mamá? ¿"no te alejes de mí"? ¿Debe la literatura perder la verosimilitud hasta ese punto? ¿Podemos imaginarnos un preadolescente que va a quedarse tan ricamente liberado del yugo materno preocupado por ello? Estas licencias que se toman los autores son de dudosa utilidad para fomentar el gusto por la lectura.
Vamos a suponer que un tal Marco pueda existir. Vamos a suponer que es un chico responsable que no intenta escaquearse de las labores de apoyo a la familia. Vamos a suponer que su madre se marcha y se queda en casa con su padre (de Rodríguez, ahí es nada) y con su hermano mayor (con ingresos independientes).
¿Cuál es la continuación más adecuada de la historia? ¿Sale el chico corriendo en pos de su madre o se organiza con el resto de los varones de la casa para disfrutar su recién estrenada libertad?
¡Pues resulta que el tal Marco inicia un viaje a otro continente para que su mamá vuelva a casa!
Pero vamos a ver, Marco, alma de cántaro, ¿tú crees que con tu madre cerca podrías aceptar ayuda de desconocidos, hacerte el interrail, montar en carro, llevar siempre la misma ropa, juntarte con gente de malvivir y sobre todo, Marco, podrías ir con un asqueroso mono encima sin lavarte las manos?
(Imagen: forodefotos.com)
viernes, 25 de febrero de 2011
Personajes (II) Don Quintín, el amargao
He aquí una de las categorías de más difícil acceso.
No cualquiera puede aspirar a ser un Don Quintín, el amargao. Se requiere mucha práctica, muchos años de experiencia en respuestas rápidas y certeras y mucha dosis de mala uva.
Para ser un auténtico amargao no basta con tener mala cara por la mañana (todos nos miramos al espejo los lunes, ¿verdad?), no basta con tener un mal día y verlo todo negro, no basta con soltarle una puyita a ése de ahí con el cual hoy no tenemos paciencia.
No, ser amargao es un estilo, un objetivo personal, una visión del mundo. Es un todo, es un rasgo y un estado, es una manera de vivir.
El protocolo de detección de un Don Quintín, el amargao debe ser riguroso aunque si la piel se nos eriza cuando estamos al lado de alguien que nos parece que lo es nos dejaremos de protocolos y confirmaremos que hemos encontrado un ejemplar auténtico.
Pero si hay dudas, el protocolo fija que debe ser así en todo momento y con todo el mundo y que no debe dejar resquicio al optimismo ni a la esperanza por más que las cosas vayan a mejor. Sus opiniones y comentarios deben oscilar entre lo negativo y lo muy negativo, sea para asuntos propios o ajenos. No debe entrar en la broma ni en quitarle hierro a nada: juzga que quien eso hace es un inconsciente o un ignorante.
Veamos.
Llegamos por la mañana al trabajo y decimos "Buenos días". Su respuesta: "Ya me lo dirás dentro de un rato".
Comentamos en una pausa del trabajo "Tengo un pinchacito aquí en este lado". Su respuesta: "Así empezó un amigo mío, que en paz descanse."
Alguien enseña a su bebé y todos comentan qué mono es. Su respuesta: "Ya crecerá".
Reunión familiar donde se comenta "Parece que el chico no va a suspender tantas". Su respuesta: "Con una que suspenda, va listo".
Sobre la situación económica: "No hay esperanza".
Sobre las revueltas en los países árabes: "Vamos hacia una 3ª Guerra Mundial".
Sobre ecología: "En 20 años no podremos vivir en el planeta".
Sobre las relaciones sociales: "No se puede confiar en nadie".
Sobre la familia: "No trae más que problemas".
Sobre los medios de comunicación: "No hay uno que se salve".
Sobre el trabajo: "Saca lo peor de cada uno".
Sobre las vacaciones: "A los tres días ya te está estorbando todo".
Sobre la música: "Ya no hay canciones como las de antes".
Sobre literatura: "Sólo publican los cuatro taraos de siempre".
Sobre el cine: "Las películas de ahora o dan grima o dan pena".
Y así hasta el infinito.
No admite objeciones del tipo: anímate, ya cambiarán las cosas, tú crees que de verdad podemos ir a peor, sonríe, vamos a tomar algo y nos despejamos, siempre hay cosas por las cuales alegrarte, no será para tanto... Nos mira fijamente y nos tacha de su lista de personas juiciosas que, evidentemente, son amargaos como él.
Ahora los llaman distímicos. ¡Qué ganas de cambiarle el nombre a las cosas!
(Imagen: Maitena)
No cualquiera puede aspirar a ser un Don Quintín, el amargao. Se requiere mucha práctica, muchos años de experiencia en respuestas rápidas y certeras y mucha dosis de mala uva.
Para ser un auténtico amargao no basta con tener mala cara por la mañana (todos nos miramos al espejo los lunes, ¿verdad?), no basta con tener un mal día y verlo todo negro, no basta con soltarle una puyita a ése de ahí con el cual hoy no tenemos paciencia.
No, ser amargao es un estilo, un objetivo personal, una visión del mundo. Es un todo, es un rasgo y un estado, es una manera de vivir.
El protocolo de detección de un Don Quintín, el amargao debe ser riguroso aunque si la piel se nos eriza cuando estamos al lado de alguien que nos parece que lo es nos dejaremos de protocolos y confirmaremos que hemos encontrado un ejemplar auténtico.
Pero si hay dudas, el protocolo fija que debe ser así en todo momento y con todo el mundo y que no debe dejar resquicio al optimismo ni a la esperanza por más que las cosas vayan a mejor. Sus opiniones y comentarios deben oscilar entre lo negativo y lo muy negativo, sea para asuntos propios o ajenos. No debe entrar en la broma ni en quitarle hierro a nada: juzga que quien eso hace es un inconsciente o un ignorante.
Veamos.
Llegamos por la mañana al trabajo y decimos "Buenos días". Su respuesta: "Ya me lo dirás dentro de un rato".
Comentamos en una pausa del trabajo "Tengo un pinchacito aquí en este lado". Su respuesta: "Así empezó un amigo mío, que en paz descanse."
Alguien enseña a su bebé y todos comentan qué mono es. Su respuesta: "Ya crecerá".
Reunión familiar donde se comenta "Parece que el chico no va a suspender tantas". Su respuesta: "Con una que suspenda, va listo".
Sobre la situación económica: "No hay esperanza".
Sobre las revueltas en los países árabes: "Vamos hacia una 3ª Guerra Mundial".
Sobre ecología: "En 20 años no podremos vivir en el planeta".
Sobre las relaciones sociales: "No se puede confiar en nadie".
Sobre la familia: "No trae más que problemas".
Sobre los medios de comunicación: "No hay uno que se salve".
Sobre el trabajo: "Saca lo peor de cada uno".
Sobre las vacaciones: "A los tres días ya te está estorbando todo".
Sobre la música: "Ya no hay canciones como las de antes".
Sobre literatura: "Sólo publican los cuatro taraos de siempre".
Sobre el cine: "Las películas de ahora o dan grima o dan pena".
Y así hasta el infinito.
No admite objeciones del tipo: anímate, ya cambiarán las cosas, tú crees que de verdad podemos ir a peor, sonríe, vamos a tomar algo y nos despejamos, siempre hay cosas por las cuales alegrarte, no será para tanto... Nos mira fijamente y nos tacha de su lista de personas juiciosas que, evidentemente, son amargaos como él.
Ahora los llaman distímicos. ¡Qué ganas de cambiarle el nombre a las cosas!
(Imagen: Maitena)
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