jueves, 8 de septiembre de 2011

El poder de las risas compartidas

Hay días memorables, días históricos, días que se te quedan grabados para bien o para mal. Días trascendentales, días únicos.

Y también hay días luminosos de los que quizá no se recuerden las conversaciones que se tuvieron, ni lo que ocurrió, ni quién dijo qué. Y, sin embargo, te recargan energías perdidas, te devuelven la fe en la conversación, en la complicidad.  
Días como los que viven los adolescentes -de quienes ya nos sentimos tan lejanos-  en los cuales el compartir risas, chismorreos, experiencias, opiniones y hasta simplezas nos devuelve una alegría genuina, sin intereses ni angustias, que jamás debimos perder.

Celebremos el haber disfrutado un día de luz como la que traen aquellos que te alegran.

(Imagen: enrike45.wordpress.com)

lunes, 5 de septiembre de 2011

Cosas que no me trajeron los Reyes Magos

Paciencia cuando más lo necesito.
Ilusión cuando el viento se pone en contra.
Fuerza ante los contratiempos.
Silencio ante los ataques.
Pasión sin fisuras.
Mano firme y suave.
Esperanza sin desaliento.
Templanza ante los desatinos.


Olvidé ponerlo en mis cartas y ahora parece tarde.

(Imagen: fotografía personal. Años 60)

sábado, 3 de septiembre de 2011

Melancolía

"No hay quien pare la saeta del reloj
ni el calendario.
No hay quien rija el minutero
y su fugaz pasar de años.
Nuestro verano ya pasó,
están varados todos los veleros.
Arena en el recibidor,
el cuarzo guarda todos mis anhelos hoy.
Septiembre suena en el buzón
y la nostalgia se disfraza de postal.
Aquel ocaso en El Saler,
pinta una luz dorada en mi recuerdo.
Suave el otoño firma el fin,
con una taza de canela, té y limón.
Se queman los campos de arroz,
y vuelvo a echar en falta el suéter de algodón.
La piel comienza a blanquear,
el entretiempo se hace sitio en un rincón,
sospecho que ya no se irá,
el dietario tiene hoy las de ganar.
No hay quien dé la vuelta al tiempo y su motor bien engranado.
No hay quien burle al domador
que mueve el sol al otro lado.
Vuelve a degustar un trozo de eternidad.
Vuelve a contemplar el sueño de las medusas.
Blancos torreones de cristal,
largas procesiones de agua y sal.
Nuestro paisaje cambia igual,
aunque intentemos atrapar la levedad.
Lo que fue lava de un volcán,
hoy se desliza en la profundidad del mar.
Un sueño de la realidad,
se diferencia en el presente nada más.
La cuerda floja del ayer,
se balancea inerte, no se deja ver."

¡No se puede decir mejor de lo que lo que cantan Presuntos Implicados!

(Imagen: cojinesmeditacionananda-mrb.blogspot.com)

jueves, 1 de septiembre de 2011

El secreto es elevarse

Todo tan nublado, todo tan gris. Lluvia o tormenta, frío en el cuerpo... Pero el Sol sigue brillando. Lo sabes aunque no lo notes. Lo recuerdan tus huesos y tu alma.
Y sabes el secreto: subir, subir; elevarse hasta dejar abajo las nubes. Y cuando estés por encima de ellas sientes de nuevo el calor del Sol, su caricia en tu piel. Todo lo doloroso, lo duro, queda abajo y allá, en lo alto, vives de nuevo como en las tardes soleadas de la infancia.
Pero elevarse es el secreto. Difícil aprenderlo, difícil conseguirlo, difícil mantenerlo.
Se aceptan lecciones de quien lo haya conseguido.

(Imagen: fondospaisajes.net)

miércoles, 31 de agosto de 2011

¡Feliz Año Nuevo!

Feliz Año Nuevo para todos los que, como yo, acaban el año el 31 de agosto.
Felicidades.
Para el Año que comienza deseo que se os cumplan los sueños, que consigáis los objetivos propuestos, que no cometáis los errores de siempre y que completéis todas las colecciones.

Yo, por mi parte y como sugerencia por si le sirve a alguien, hago publica mi lista de buenas intenciones (amplia y ambiciosa como corresponde):
  • Aprender inglés pero sin liarme más de la cuenta.
  • Subir por las escaleras pero sin gastar energías innecesarias.
  • Tener paciencia interminable pero sin dejar pasar ni una a los impresentables.
  • Callar a tiempo pero hablar sin temores.
  • Cultivar la amistad.
  • Descubrir cada día una mini-felicidad.
  • Relativizar los disgustos.
  • Recuperar ilusiones perdidas.
  • Arreglarme con esmero.
  • Dormir a pierna suelta.
  • Oir los consejos y hacer después lo que crea conveniente.
  • Dar consejos sólo cuando me los pidan.
  • Escuchar más música.
  • Llegar al próximo fin de año con los deseos cumplidos.
(Imagen: mycoolespacio.com)

martes, 30 de agosto de 2011

La sangre con letra entra

Hace unos días me acabé esta camiseta de patchwork  El motivo, una fantástica hada, enseñaba con glamour su lección en una pizarra.

Estuve unos días, mientras festoneaba las diferentes telas, pensando en cuál sería esa lección que me gustaría mostrar al lucir mi camiseta.
Y, de repente, se me encendió una lucecita. ¿Qué frase había marcado toda una época en la educación, había arruinado la ilusión de muchos por aprender y de no pocos por enseñar?: "La letra con sangre entra".
Y por eso la lección debía ser clara: "La sangre con letra entra".
Porque lo que yo quiero reivindicar, mostrar, propagar, difundir, compartir... es que es la letra -el saber, la lectura, el aprendizaje, la enseñanza,el modelaje- la que hace la sangre -hace crecer, desarrolla, hace persona, amplía la mente y los horizontes, da fuerza y valor, templanza ante el destino y consuelo ante la adversidad-.

Esta entrada está dedicada a todos aquellos. maestr@s, profesor@s, padres y madres, amig@s, consejer@s... que confían en que lo que enseñan con paciencia y amor dé sus frutos en forma de vidas mejores, más justas y más felices. A pesar de las dificultades, a pesar del desconsuelo de muchos momentos.

(Imagen: fotografia personal)

viernes, 26 de agosto de 2011

La familia Churumbel o a quién habrá salido este niño

Para aquellos de vosotros que paséis de los cuarenta no os será desconocido el mundo de los tebeos que tantas tardes -sin play, sin ordenador, sin canales infinitos en la TV- llenó en nuestra infancia.

"La familia Churumbel" era un clásico, creado por Manuel Vázquez, que gustaba mucho en un mundo todavía políticamente incorrecto: una familia gitana hacía del hurto su modo de vida excepto el hijo mayor que se dedicaba a estudiar y trabajar para desesperación de sus padres y abuelo.
Hoy en día no podría publicarse algo así sin que se denunciara el hecho en todas las instancias oficiales y no oficiales; saldría en los telenoticias y sería objeto de repulsa -cuando menos de puertas para afuera- por parte de todos los líderes políticos. Su creador debería pedir perdón públicamente y, por supuesto, dejaría de publicarse inmediatamente. Pero el uso que se hace de los tópicos, el sentido del humor que tienen -o no tienen- los diferentes colectivos y la necesidad de ser siempre políticamente correctos es otro tema y yo voy a lo que voy.

Y a lo que voy, como siempre, es al tema de lo que se le pide a los hijos y de lo que de ellos se obtiene. Cada familia, cuando espera un hijo, crea una imagen de esa criatura que, en su inocencia, espera que se corresponda con la realidad.
Primero es una imagen física: el bebé será guapo, regordete, digno de una portada, sacará lo mejor del padre y de la madre. Cuando eso no es así hay un período de adaptación que a muchas personas les produce incluso depresión o problemas serios. He leído que  padres de niños prematuros que, por muy guapos que vayan a ser, pasan un período en el cual su aspecto es angustioso, necesitan superar una fase de decepción.
Después vienen aspectos básicos del crecimiento: ha de dormir bien, comer bien, controlar esfínteres sin problemas, andar y hablar con prontitud, etc. El baremo lo ponen los hijos ajenos o los artículos de revistas especializadas.
Llega la hora del cole y entonces ese hijo será ese niño que aprende pronto a leer y a escribir, que no tiene problemas de relación, que es educado y que trae unos informes impecables.
Y llega la adolescencia y ese hijo caminará por los caminos de la responsabilidad, tendrá presentes los consejos de sus padres, les demostrará su cariño y su rebeldía se circunscribirá a pequeñas escaramuzas dialécticas que tranquilizarán a sus padres demostrando que su hijo es un adolescente normal.
La juventud no traerá más problemas que los propios de esa edad: sabrá escoger una carrera adecuada -porque por supuesto estudiará- y se emparejará con alguien acorde a su educación y su carácter.

Y fin de la historia. Los padres llegarán tranquilos y relajados a la vejez. Repasarán los álbumes familiares y comentarán cómo sus hijos sólo les han reportado momentos de felicidad.

Pero, ay, puede que nos encontremos en la penosa situación de la familia Churumbel: ese hijo bienamado en quien hemos puesto todas nuestras ilusiones, será diferente en algún momento de su vida a como lo habíamos "diseñado". Puede que sea feo, que no duerma, que llore interminablemente, que tenga problemas para aprender, que pegue a los compañeros, que empiece a fumar, que nos chille, que se relacione con amigos que no nos gustan, que oiga música insufrible -para nuestro criterio-, que deje los estudios o los aparque, que encuentre una pareja ante la cual se nos abran las carnes... No todo ello a la vez, por caridad, pero sí algo que desdibuje esa imagen ideal que habíamos soñado desde que lo vimos en la ecografía.

Y entonces viene nuestra tarea, ardua, dura. Una tarea como la de recuperarse de una enfermedad, como la de rehabilitarse de una adicción: aceptar que los hijos no nos pertenecen, que vienen de nosotros pero no son nosotros, ni nuestros sueños, ni nuestros planes, ni nuestros objetivos. Quererlos como son, por lo que son y a pesar de lo que son.
Y mientras lo conseguimos siempre podemos pegarnos los berriches de Manuel Churumbel. Buena crianza.

(Imagen: Manuel Vázquez)