En la infancia son amigos los que están a tu lado echando arena en el cubito.
En la adolescencia son amigos los que hacen bulla contigo y salen y entran.
Cuando somos adultos ya no confiamos en descubrir nuevas amistades.Caminamos río abajo mirando donde ponemos los pies. Con cuidado, con tiento.
Y de repente, entre la arena y los guijarros, vemos un brillo inesperado; nos agachamos y lo cogemos con cuidado entre los dedos. Y allí está, reluciendo: una amistad que se ofrece sin interés. Un abrazo a tiempo, una palabra medida, unos oídos atentos, un corazón abierto. Templanza, prudencia, cariño. Unas risas compartidas, un consejo valioso, una opinión certera. Momentos inolvidables, recuerdos preciados.
Y Nuria se va.
(Imagen: fotografía personal. Un regalo para el recuerdo)
martes, 5 de julio de 2011
lunes, 4 de julio de 2011
Sabiendo que jamás me he equivocado en nada, sino en las cosas que yo más quería
Tiene Luis Rosales un precioso poema titulado "Autobiografía". Un poema que yo no conocía hasta que un amigo, que coordina la revista del instituto, lo publicó en ella para conocimiento de sabios e ignorantes.
Del poema unos versos me golpearon en el pecho y son los que titulan esta entrada: "...sabiendo que jamás me he equivocada en nada, sino en las cosas que yo más quería."
Haciendo la salvedad de que yo me he equivocado en muchas cosas, cierto es que se tiene tendencia a equivocarse en aquello que más se quiere.
Porque el querer nubla el entendimiento. Hace perder la perspectiva. Impacienta, exige, desespera. El querer nos hace vacilar ante lo que el sentido común vería claro. El querer convierte en una estrella al ser querido y se pretende que brille como ninguna, que no tenga parpadeos, que no la tape una nube, que no la empañe una lágrima.
Si esto es cierto en general, más cierto es en el amor de madres a hijos. Ahí perdemos pie. Equivocarnos es el sino y el destino. Vacilar, dudar, no escarmentar en cabeza ajena, despreciar la experiencia, sentirnos desdichadas, hablar y querer recuperar las palabras, callar y querer haber dicho, luchar contra el tiempo, no ver lo evidente, ver lo que no existe...
En lo que yo más quería, en donde nunca habría una de equivocarse.
(Imagen: sobrevivire.blogspirit.com)
Del poema unos versos me golpearon en el pecho y son los que titulan esta entrada: "...sabiendo que jamás me he equivocada en nada, sino en las cosas que yo más quería."
Haciendo la salvedad de que yo me he equivocado en muchas cosas, cierto es que se tiene tendencia a equivocarse en aquello que más se quiere.
Porque el querer nubla el entendimiento. Hace perder la perspectiva. Impacienta, exige, desespera. El querer nos hace vacilar ante lo que el sentido común vería claro. El querer convierte en una estrella al ser querido y se pretende que brille como ninguna, que no tenga parpadeos, que no la tape una nube, que no la empañe una lágrima.
Si esto es cierto en general, más cierto es en el amor de madres a hijos. Ahí perdemos pie. Equivocarnos es el sino y el destino. Vacilar, dudar, no escarmentar en cabeza ajena, despreciar la experiencia, sentirnos desdichadas, hablar y querer recuperar las palabras, callar y querer haber dicho, luchar contra el tiempo, no ver lo evidente, ver lo que no existe...
En lo que yo más quería, en donde nunca habría una de equivocarse.
(Imagen: sobrevivire.blogspirit.com)
domingo, 3 de julio de 2011
De mi pasado vengo (IV)
Creen nuestros jóvenes que han descubierto las redes sociales. Creen que sus feisbuscs, sus tuiters, sus tuentis, les relacionan, les sostienen, les acercan, les descubren amistades, les añaden vida a su vida.
No saben que las redes sociales han sido para los jóvenes, desde siempre, el ambiente que les sustentaba, el descanso que les esperaba, la ilusión de los primeros años, el compañerismo...
Acabar el día, reunirse con los amigos, decir intrascendencias -o trascendencias, vete a saber- beberse la vida, compartir las ilusiones, diseñar el futuro... Esa es la masa de la juventud.
En esta foto aparece mi padre (de pie, a la derecha) junto a algunos de sus amigos. Son todos muy jóvenes, aunque no lo parezca. En aquella época entrar en la vida adulta era reproducir paso a paso a los mayores: el cuidado bigotito, el traje de los domingos, la pulcritud... incluso el luto en la manga.
Lo que sí sigue siendo un factor común es el alcohol: una botella de aguardiente y unos cuantos vasos para invitar a la complicidad. Botellón, pero en el velador de un bar.
Alguien, un privilegiado, aparece con una cámara de fotos y el instante queda para siempre: juventud y amistad. Lazos para el recuerdo. Momentos que no volverán.
(Imagen: fotografía familiar. Principios de los años 50)
sábado, 25 de junio de 2011
Misterios sin resolver
El alcalde de Bélmez de la Moraleda se apellida Justicia.
Con ese apellido parece normal que haya acabado en política (buscando la justicia social) y en un partido que lleva en sus siglas la intención de ser de izquierdas. Pero hete aquí que el señor Justicia, con la que está cayendo -en nuestro país y en el mundo mundial- tenía unos dinerillos que gastar y no sabía en qué. Concretamente eran 587.000 euros de fondos de la Unión Europea, 208.000 euros de la Diputación de Jaén y 42.000 euros del Ayuntamiento.
Cual ratita presumida él, y todo el consistorio supongo, se preguntaban a qué podrían destinar dicho pellizquito. Y pensando, pensando, se les ocurrió crear el "Centro de Interpretación de las caras de Bélmez". Parece una broma pero no lo es. En 1971 se inició una historia que parece no tener fin: en una de las casas del pueblo aparecían unas misteriosas caras en el pavimento que volvían a surgir se las tapara con lo que se las tapara. El tema era propio de un país tercermundista que acababa de incorporarse como aquel que dice al mundo moderno después de una guerra civil y una larga y oscura posguerra. En esa época, lo damos por bueno.
Pero estamos en 2011 y, cuarenta años después, en plena crisis, con los Indignados en la calle y la sensibilidad contra el gasto superflluo a flor de piel se destina casi un millón de euros a revivir supersticiones y fraudes.
Hay quien ha dicho: es que fomentará el turismo. ¿Y qué? También se fomenta el turismo matando elefantes o prostituyendo niñas y nadie debería subvencionar ese turismo.
Dios me libre de comparar unas inofensivas patrañas con la matanza de animales o la prostitución infantil pero no me digáis que no es para Indignarse.
Mi niña de nueve años hace muchas preguntas sobre como funciona el mundo y el porqué de que haya cosas que se hacen bien y cosas que se hacen mal. Pobrecita, cree que yo tengo las respuestas.
(Imagen: misteriosaldescubierto.wordpress.com)
Con ese apellido parece normal que haya acabado en política (buscando la justicia social) y en un partido que lleva en sus siglas la intención de ser de izquierdas. Pero hete aquí que el señor Justicia, con la que está cayendo -en nuestro país y en el mundo mundial- tenía unos dinerillos que gastar y no sabía en qué. Concretamente eran 587.000 euros de fondos de la Unión Europea, 208.000 euros de la Diputación de Jaén y 42.000 euros del Ayuntamiento.
Cual ratita presumida él, y todo el consistorio supongo, se preguntaban a qué podrían destinar dicho pellizquito. Y pensando, pensando, se les ocurrió crear el "Centro de Interpretación de las caras de Bélmez". Parece una broma pero no lo es. En 1971 se inició una historia que parece no tener fin: en una de las casas del pueblo aparecían unas misteriosas caras en el pavimento que volvían a surgir se las tapara con lo que se las tapara. El tema era propio de un país tercermundista que acababa de incorporarse como aquel que dice al mundo moderno después de una guerra civil y una larga y oscura posguerra. En esa época, lo damos por bueno.
Pero estamos en 2011 y, cuarenta años después, en plena crisis, con los Indignados en la calle y la sensibilidad contra el gasto superflluo a flor de piel se destina casi un millón de euros a revivir supersticiones y fraudes.
Hay quien ha dicho: es que fomentará el turismo. ¿Y qué? También se fomenta el turismo matando elefantes o prostituyendo niñas y nadie debería subvencionar ese turismo.
Dios me libre de comparar unas inofensivas patrañas con la matanza de animales o la prostitución infantil pero no me digáis que no es para Indignarse.
Mi niña de nueve años hace muchas preguntas sobre como funciona el mundo y el porqué de que haya cosas que se hacen bien y cosas que se hacen mal. Pobrecita, cree que yo tengo las respuestas.
(Imagen: misteriosaldescubierto.wordpress.com)
Quien escucha, su mal oye
Cuando preguntamos a nuestros preciosos hijitos dónde van, con quién, hasta cuándo, para qué, etc. obtenemos vaguedades, en el mejor de los casos, y miradas asesinas en el peor.
Las respuestas se mueven en un arco que va de los bufidos a los gruñidos pasando por los silencios, los gestos y las risas cómplices con sus hermanos, si los hubiera.
Y sin embargo no tienen pudor en mostrar al mundo cosas íntimas, personales, fotos en posturitas, deseos inconfesables, anhelos secretos, datos y detalles que ni poniéndoles cerillas bajo las uñas nosotros podríamos conseguir.
No saben, por más que se lo decimos, que aquello que ponen en la red es una botella que se lanza al océano, algo sobre lo que se pierde el control y que, como se dice en las películas de polis, en cualquier momento puede ser usado en tu contra.
Esos amigos del alma se perderán en el tiempo; esos amores eternos se diluirán como un azucarillo pero los rastros que han dejado en la red darán y darán vueltas recordando un pasado a veces muy olvidable. Se abren a los desconococidos, a los amigos del alma de un cuarto de hora, a los compañeros de parranda. A los padres no, que están en el lado oscuro, que no les comprenden, que no se enrollan, que les hacen la púa. A los padres, ni agua, que bastantes secretos les han guardado en la infancia y bastantes sueños les han velado (a saber de lo que se enteraron cuando hablaban en sus pesadillas).
Así que daré vueltas en la red, como un satélite desnortado, esperando encontrar alguna explicación de las que se me niegan. O, pensándolo bien, mejor me quedo quietecita que aquello que desconocemos no nos puede hacer daño.
(Imagen: gaturro.com)
Las respuestas se mueven en un arco que va de los bufidos a los gruñidos pasando por los silencios, los gestos y las risas cómplices con sus hermanos, si los hubiera.
Y sin embargo no tienen pudor en mostrar al mundo cosas íntimas, personales, fotos en posturitas, deseos inconfesables, anhelos secretos, datos y detalles que ni poniéndoles cerillas bajo las uñas nosotros podríamos conseguir.
No saben, por más que se lo decimos, que aquello que ponen en la red es una botella que se lanza al océano, algo sobre lo que se pierde el control y que, como se dice en las películas de polis, en cualquier momento puede ser usado en tu contra.
Esos amigos del alma se perderán en el tiempo; esos amores eternos se diluirán como un azucarillo pero los rastros que han dejado en la red darán y darán vueltas recordando un pasado a veces muy olvidable. Se abren a los desconococidos, a los amigos del alma de un cuarto de hora, a los compañeros de parranda. A los padres no, que están en el lado oscuro, que no les comprenden, que no se enrollan, que les hacen la púa. A los padres, ni agua, que bastantes secretos les han guardado en la infancia y bastantes sueños les han velado (a saber de lo que se enteraron cuando hablaban en sus pesadillas).
Así que daré vueltas en la red, como un satélite desnortado, esperando encontrar alguna explicación de las que se me niegan. O, pensándolo bien, mejor me quedo quietecita que aquello que desconocemos no nos puede hacer daño.
(Imagen: gaturro.com)
viernes, 24 de junio de 2011
¡¡Al fuego!!
¡¡Al fuego!! Al fuego con lo inútil, con lo que nos daña, con lo que nos paraliza.
Echemos al fuego las dudas, los duelos, los quebrantos, los dolores, las penas, los malos pensamientos, las intenciones negativas, los hechos irremediables, los anhelos inalcanzables, las lágrimas, la angustia, los silencios culpables, las palabras hirientes, la soledad impuesta, la compañía ingrata.
Quememos lo injusto de este año, lo que no debió suceder y sucedió, lo que esperamos y no llegó nunca.
Que de esa hoguera no quede ni rastro; echemos agua. Purifiquemos con fuego, con agua, con aire. Limpiemos para encontrar la paz de espíritu, la serenidad, la confianza, la fortaleza. Y si no, la resignación.
Hagamos borrón y cuenta nueva en este solsticio: de forma pagana, examen de conciencia, dolor de corazón y propósito de enmienda.
Tenemos lo que tenemos y ello nos ayudará a vivir.
(Imagen: fotografía personal. Hoguera de San Juan. Verbena de las fiestas del Centro. 23 de Junio)
Echemos al fuego las dudas, los duelos, los quebrantos, los dolores, las penas, los malos pensamientos, las intenciones negativas, los hechos irremediables, los anhelos inalcanzables, las lágrimas, la angustia, los silencios culpables, las palabras hirientes, la soledad impuesta, la compañía ingrata.
Quememos lo injusto de este año, lo que no debió suceder y sucedió, lo que esperamos y no llegó nunca.
Que de esa hoguera no quede ni rastro; echemos agua. Purifiquemos con fuego, con agua, con aire. Limpiemos para encontrar la paz de espíritu, la serenidad, la confianza, la fortaleza. Y si no, la resignación.
Hagamos borrón y cuenta nueva en este solsticio: de forma pagana, examen de conciencia, dolor de corazón y propósito de enmienda.
Tenemos lo que tenemos y ello nos ayudará a vivir.
(Imagen: fotografía personal. Hoguera de San Juan. Verbena de las fiestas del Centro. 23 de Junio)
domingo, 19 de junio de 2011
Personajes (V) Fundador
El coñac Fundador, que supongo que aún existe, se anunciaba hace años en la prensa y en la televisión con el eslogan que se ve en la imagen: "está como nunca".
Y por eso al personaje que hoy describo lo llamo así: "Fundador". Es ese ser que aunque lo veamos arrastrado, humillado, hundido, jamás reconocerá sus problemas. Sus derrotas, por más evidentes que sean a nuestros ojos, no existen. Su respuesta tipo al cómo estás siempre es: "Estoy como nunca".
Dentro de dicho personaje hay dos subtipos ya más difíciles de descubrir a simple vista: aquel que verdaderamente se lo cree y por lo tanto, engañándose a sí mismo es feliz y aquel que no se lo cree pero no reconocería su malestar ni bajo tortura. El primero puede ser, a su vez, de varios tipos: ingenuo, conformista, cegato, optimista, superviviente... El segundo también tiene variedades: orgulloso, resentido, desconfiado...
Todos tenemos, sin embargo, nuestra pequeña parcela de "Fundador". A veces nos cuesta reconocer los fracasos o los dolores a según quién y en según qué circunstancias. Nos ponemos suspicaces por si se alegran o nos hacemos los fuertes para sacar de la apariencia fortaleza. Es poner en práctica lo que decían nuestros abuelos: "Más vale que te tengan envidia que no lástima". Pero es una actitud pasajera si no es ése tu talante. Cuando menos te lo esperas el personaje se te viene abajo y te descubres lamentándote, quizá sin quererlo.
Nuestro auténtico "Fundador", aquel que se merece entrar en esta galería de personajes, es firme en sus respuestas, sin resquicios. Está como nunca, de primera, canela en rama... Que al andar deje un rastro de sangre no importa, siempre su vida será más y mejor que la nuestra. Que lo disfrute.
(Imagen: blog.adlo.es)
Y por eso al personaje que hoy describo lo llamo así: "Fundador". Es ese ser que aunque lo veamos arrastrado, humillado, hundido, jamás reconocerá sus problemas. Sus derrotas, por más evidentes que sean a nuestros ojos, no existen. Su respuesta tipo al cómo estás siempre es: "Estoy como nunca".
Dentro de dicho personaje hay dos subtipos ya más difíciles de descubrir a simple vista: aquel que verdaderamente se lo cree y por lo tanto, engañándose a sí mismo es feliz y aquel que no se lo cree pero no reconocería su malestar ni bajo tortura. El primero puede ser, a su vez, de varios tipos: ingenuo, conformista, cegato, optimista, superviviente... El segundo también tiene variedades: orgulloso, resentido, desconfiado...
Todos tenemos, sin embargo, nuestra pequeña parcela de "Fundador". A veces nos cuesta reconocer los fracasos o los dolores a según quién y en según qué circunstancias. Nos ponemos suspicaces por si se alegran o nos hacemos los fuertes para sacar de la apariencia fortaleza. Es poner en práctica lo que decían nuestros abuelos: "Más vale que te tengan envidia que no lástima". Pero es una actitud pasajera si no es ése tu talante. Cuando menos te lo esperas el personaje se te viene abajo y te descubres lamentándote, quizá sin quererlo.
Nuestro auténtico "Fundador", aquel que se merece entrar en esta galería de personajes, es firme en sus respuestas, sin resquicios. Está como nunca, de primera, canela en rama... Que al andar deje un rastro de sangre no importa, siempre su vida será más y mejor que la nuestra. Que lo disfrute.
(Imagen: blog.adlo.es)
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